viernes, 19 de febrero de 2016

MAHATMA GANDHI “Aquí se trata de hacer que los británicos se vayan de la India que tie­nen esclavizada”

MAHATMA GANDHI
“Aquí se trata de hacer que los británicos se vayan de la India que tie­nen esclavizada”

MAHATMA GANDHI

 Discurso de Gandhi el 8 de Agosto de 1942.

"¡Salgan de la India!"

"¡Ha llevado tanto tiempo revelar lo que inquietaba mi alma a aquellos a los que ahora tengo el honor de servir! Me han llamado su líder o, en lenguaje militar, su comandante. Pero no veo yo mi posición de ese modo. No tengo otra arma salvo el amor con el que ejercer mi autoridad sobre cualquiera. Llevo, es cierto, un bastón, pero lo podéis romper en pedazos sin el menor esfuer­zo.

Es sólo el báculo con el que me ayudo para caminar. Un tullido como yo no se siente eufórico cuando ha sido invitado a llevar la carga más pesada. Podéis compartir esa carga sólo si ante vosotros me presento no como vuestro comandante, sino como un humilde servidor.

Y aquel que mejor sirve es el primero entre los iguales.

De ahí que me sienta obligado a compartir con vos­otros estos pensamientos que invaden mi pecho y deciros, de forma tan breve como me sea posible, lo que espero que hagáis como primer paso.

De entrada, dejadme que os diga que la lucha real no comienza hoy. Como siempre, voy a tener que dar muchos rodeos. La carga, lo confieso, será casi insopor­table. Debo seguir razonando en aquellos círculos en los que he perdido mi crédito y ya no confían en mí. Sé que en el curso de las últimas semanas, he perdido mi crédito ante un amplio número de amigos, tanto es así, que han empezado a dudar no sólo de mi saber, sino también de mi honestidad.

Si bien no considero que mi saber sea un tesoro tal que no pueda permitirme perderlo, en cambio, mi honestidad sí es un tesoro muy preciado para mí y no puedo permitirme perderlo. Y, sin embargo, me parece que, de momento, lo he perdido.

Ocasiones así surgen en la vida de un hombre que sólo busca la verdad y que trata deservir a la humani­dad y a su país según su mejor entender, sin miedo ni hipocresía. Durante los últimos 50 años no he conoci­do otro modo de hacerlo. He sido un humilde servidor de la humanidad, y en más de una ocasión he presta­do tantos servicios como me fue posible al Imperio, pero, y dejadme que aquí, sin temor a que nadie lo pon­ga en entredicho, diga bien alto que a lo largo de toda mi carrera nunca he pedido ningún favor personal. He disfrutado del honor de la amistad como la que hoy disfruto con lord Linlithgow.

Se trata de una amistad que ha dejado atrás la relación oficial. No sé si lord Linlithgow confirmará mis palabras, pero entre él y yo existe un vínculo personal (...).

Si me tomo la libertad de hacer públicas estas cosas personales y sagradas es sólo para daros una prueba de que el vínculo per­sonal nunca interferirá en la tenaz lucha que si asilo quiere mi suerte tal vez deba entablar contra lord Lin­lithgow como representante del Imperio.

Tendré que resistirme al poder de ese Imperio con el poder de los millones de seres sin voz, sin tener más límite que la no violencia como línea política para esta lucha. Es una tarea espantosa tener que ofrecer resis­tencia a un virrey con quien disfruto de una relación así. En más de una ocasión él ha escuchado mis pala­bras sobre mi pueblo. Me encantaría repetir esa expe­riencia, dicho sea en su honor. Y lo digo con gran orgullo y placer.

Lo digo como muestra de mi deseo de seguir siendo fiel al Imperio cuando ese Imperio perdió mi confianza y el inglés que era su virrey lo supo.

También me invade el sagrado recuerdo de Charlie Andrews. En este momento, siento el espíritu de Andrews a mi lado. Para mí, él resume las tradiciones más brillantes de la cultura inglesa. Con él disfrutaba de una relación mucho más íntima que con la mayo­ría de los indios. Disfrutaba de su confianza. Entre no­sotros no había secretos. Cada día sincerábamos nues­tros corazones.

Lo que hubiera en su corazón, lo decía sin el menor titubeo ni reserva. Es cierto que era ami­go de Gurudev, pero Andrews le miraba con un respe­to reverencial. Tenía aquella humildad peculiar. Pero conmigo llegó a hacerse un amigo muy íntimo. Hace años, vino a verme con una carta de presentación de Gokhale. Pearson y él eran especímenes ingleses de primera categoría. Sé que su espíritu me escucha. Entonces recibí una cálida carta de felicitación envia­da por el metropolitano de Calcuta.

Le considero un hombre de Dios que hoy, no obstante, lucha contra mí.

Con todo estos antecedentes, quiero declarar ante el mundo aunque tal vez haya perdido la considera­ción de muchos amigos en Occidente y deba llevar muy baja la cabeza, pero ni tan sólo por su amistad o por su amor y aprecio debo acallar la voz de la conciencia hoy quiero hacer pública mi naturaleza interior esen­cial. Hay algo dentro de mí que me impele a expresar en voz alta mi dolor.

He conocido la humanidad. He estudiado algo de psicología. Aunque sé con exactitud qué es, no sé cómo describirlo. Esa voz dentro de mi me dice, «tienes que oponerte al mundo con firmeza aunque te quedes solo. Debes mirar a la cara a todo el mundo aunque el mundo te mire con ojos inyectados en sangre. No temas».

Confiad en esta vocecita que reside en el interior de vuestro corazón. Y dice. «Renun­cia a tus amigos, a tu esposa y a todo, y da testimonio de aquello por lo que has vivido y por lo que has de morir».

Quiero vivir todo lo que me quede de vida. Y si por mí fuese haría que la duración de esa vida fuera 120 años. Por entonces, la India sería ya libre, el mun­do sería libre.

Dejad que os diga que no considero a Inglaterra ni, en realidad, tampoco a Estados Unidos, países libres. Son libres a su manera, libres de mantener esclaviza­das a las razas de color de la tierra. ¿Inglaterra o Esta­dos Unidos luchan hoy por la libertad de estas razas? Si no es así, no me pidan que espere hasta que la gue­rra haya terminado. No limiten mi concepto de liber­tad.

Los maestros ingleses y norteamericanos, su his­toria, su magnífica poesía, no dijeron nunca que no se debiera ampliar la interpretación de la libertad. Y de acuerdo con aquella interpretación de la libertad, me veo en la obligación de decir que son ajenos a esa mis­ma libertad que sus maestros y poetas describieron.

Si quisieran conocer la libertad real, deberían venir a la India. Tienen que venir, no con orgullo o arrogancia, sino con el espíritu de quienes buscan la verdad con sinceridad y tenacidad. Se trata de una verdad funda­mental cuya experiencia ha venido haciendo la India a lo largo de 22 años.

De forma inconsciente desde su misma fundación hace ya mucho tiempo, el Partido del Congreso ha veni­do basándose en la no violencia, en los métodos que llaman constitucionales.

Dadabhai y Pherozeshah, que tuvieron el Partido del Congreso de la India en la pal­ma de sus manos, acabaron siendo rebeldes. Amaban al Partido del Congreso. Ellos eran quienes mandaban, pero ante todo, eran sus auténticos servidores.

Nunca toleraré el asesinato, ni el secretismo ni cosas similares. Confieso que entre nosotros, hombres del Partido del Congreso, hay muchas ovejas negras. Pero confío en que toda la India emprenda hoy una lucha no violenta.

Y confío porque mi carácter me lleva a confiaren la bondad innata de la naturaleza humana, que percibe la verdad y se impone casi por instinto en los momentos de crisis. Pero aun en el caso de que pueda estar engañado en esto, no cejaré.

No vacilaré. Desde su creación, el Partido del Congreso basó su política en métodos pacíficos, entre ellos la Swaraj, y generacio­nes posteriores añadieron la no violencia.

Cuando Dadabhai entró en el Parlamento británico, Salisbury le apodó el hombre negro pero el pueblo inglés desbancó a Salisburyy Dadabhai entró en el Parlamento gracias a aquellos votos. La India enloqueció de ale­gría. Estas cosas, no obstante, a la India ya se ie han quedado pequeñas.

Con todas estas cosas como telón de fondo, quisie­ra, no obstante, que ingleses, europeos y todas las Naciones Unidas examinaran en sus corazones qué crimen ha cometido la India al exigir la independen­cia.

Y les pregunto ¿hacen bien en desconfiar de una organización (como el Partido del Congreso), con toda su experiencia, tradición y logros durante más de medio sigloy en tergiversar sus esfuerzos ante todo el mun­do con los instrumentos que tienen a su disposición? ¿Está bien que, por las buenas o por las malas, con la ayuda de la prensa extranjera, con la ayuda del presi­dente de Estados Unidos de América o incluso del gene­ralísimo de China que aún no se ha ganado los laure­les, presenten la lucha de la India como una espantosa caricatura?

Me reuní con el generalísimo (Chiang-kai-Shek) al que conocí gracias a la señora Shek que fue mi intér­prete. Aunque él me pareció un ser inescrutable, no sucedió así con la señora Shek,y él me permitió adivi­nar sus pensamientos a través de ella.

Han orquestado un coro de desaprobación y justi­ficada protesta en todo el mundo contra nosotros. Dicen que nos equivocamos, que el paso que estamos dando es inoportuno.Tengo en muy alta considera­ción a la diplomacia de los británicos que durante tan­to tiempo les ha permitido conservar el Imperio. Pero ahora percibo su tufillo en mi nariz, y proviene de otros que la han estudiado a fondo y ahora la están ponien­do en práctica.

Puede que consigan, mediante estos métodos, hacer que por un tiempo la opinión interna­cional se decante a su favor, pero la India hablará con­tra esa opinión internacional.
Alzará su voz contra toda esa propaganda organizada. Yo la denunciaré, aunque tenga en contra a las Naciones Unidas en pleno, aun­que toda la India me abandone, les diré «están equi­vocados. Con la no violencia, la India arrancará la liber­tad de las manos de quienes no están dispuestos a dársela».

Seguiré adelante no sólo por la India, sino por el bien de todo el mundo. Aun en el caso de que mis ojos se cierren antes de que haya libertad, la no violen­cia no terminará. Asestarán un golpe mortal a China o a Rusia si se oponen a la libertad que la India de la no violencia suplica postrada de rodillas para que se salde una deuda que, desde hace ya mucho tiempo, ha vencido.

¿Alguna vez un acreedor se ha presentado de este modo ante su deudor? Y aun así, cuando la India se enfrenta a una oposición tan enconada, dice «no vamos a dar ningún golpe bajo, hemos aprendido nobleza de sobra. Hemos hecho un juramento de no violencia».

He sido el artífice de la política de evitar situaciones violentas seguida por el Partido del Con­greso y, sin embargo, hoy os hablo con palabras contundentes. Hacerlo es coherente con nuestro honor. Si un hombre me agarrara del cuello y quisiera ahogarme, ¿acaso no iba a luchar por liberarme de inmedia­to? En lo que hoy proponemos no hay inconsecuencia alguna.

Aquí se han congregado hoy representantes de la prensa extranjera. A través de ellos quisiera decirle al mundo que las potencias aliadas que, de un modo u otro, afirman necesitara la India, tienen ahora la oca­sión de proclamar la libertad de la India y demostrar su buena fe. Si dejan pasar esta ocasión, dejarán esca­par la oportunidad de su vida, y la historia levantará acta de que no liberaron a tiempo de sus obligaciones a la India, y que perdieron la batalla.

Necesito la apro­bación del mundo entero para que pueda conseguir ­lo con ellos. No quiero que las potencias aliadas vayan más allá de sus evidentes limitaciones. No quiero que abracen la no violencia y que, hoy mismo, se desarmen. No. Hay una diferencia fundamental entre el fascismo y este imperialismo contra el que lucho.

Aquí se trata de hacer que los británicos se vayan de la India que tie­nen esclavizada. Imaginemos lo diferente que sería si la India participara [en la guerra] como un aliado libre. La libertad, si ha de llegar, debe hacerlo hoy mismo.

De esto no quedará nada si ustedes, que tienen la capacidad de ayudar, no la ejercen hoy. Pero si la ejer­cen, el fulgor de una libertad que hoy parece imposi­ble, será posible mañana. Si la India goza de esa liber­tad, exigirá esa misma libertad para China. Se abrirá el camino para correr en ayuda de Rusia.

En la penín­sula Malaya o en las tierras de Birmania no morían los ingleses. ¿Qué nos permitirá salvar la situación? ¿Adon­de iré, adonde llevaré los 40 crores de la India? Esta inmensa masa de humanidad no brillará en la causa de la liberación del mundo, a menos que palpe y has­ta que haya sentido la libertad.

Hoy no les queda pizca de vida. Les ha sido aplastada. Es preciso devolver el brillo a sus ojos, la libertad debe llegar hoy mismo, no mañana. Hacerlo o morir.

He comprometido al Partido del Congreso y el Partido del Congreso lo hará o morirá."


miércoles, 17 de febrero de 2016

FRANCISCO FRANCO “Esta es la nueva vida del mártir. Fruto de aquella otra, ejemplar y modelo constante para nuestras juventudes”

FRANCISCO FRANCO
"Esta es la nueva vida del mártir. Fruto de aquella otra, ejemplar y modelo constante para nuestras juventudes”
FRANCISCO FRANCO


Discurso del 20 de noviembre de 1938 por la muerte de JOSÉ ANTONIO PRIMO DE RIVERA

Murió José Antonio, dicen los pregones.
¡Vive José Antonio!, afirma la Falange. ¿Qué es la muerte y qué es la vida?
Vida es la inmortalidad, la semilla! que no se pierde, que un día tras otro se renueva con nuevo vigor y lozanía... Esta es la vida, hoy, de José Antonio.
No murió el día que el plomo enemigo segó, en el patio de una cárcel, su juventud prometedora.
Se desplomó la materia, pero vivió el espíritu, marchó su doctrina con su inspirada canción de boca en boca, y en los campos y en las ciudades, en los frentes como en la retaguardia, en los rincones de las celdas de las cárceles sombrías como en .los tenebrosos calabozos de las chekas rojas, suena como un susurro la canción de la Falange.
Se hace popular el himno de la camisa recién bordada, y es familiar la guardia perenne de los caídos sobre los luceros, y el yugo y las flechas, ennoblecidos por la sangre derramada, se convierten en emblema de los nuevos cruzados.
Es el grito de los conjurados de ayer el lema de la Nueva España. Resuena con impulso guerrero o como afirmación de fe, rememora en la paz de los claustros la catolicidad de las viejas cruzadas, invade los talleres con sanas alegrías, recorre las ciudades y se alberga en los campos, salva los montes y discurre en los valles, cruza fronteras y atraviesa los mares.
El ¡ARRIBA ESPAÑA! alcanza los honores de la universalidad. Esta es la nueva vida del mártir. Fruto de aquella otra, ejemplar y modelo constante para nuestras juventudes. 
Educado en la severa disciplina de un hogar castrense, templó su carácter en el culto a la Patria, alcanzando la serenidad y fortaleza del soldado.
Su fuerte inteligencia y su sólida cultura dieron ti su inspiración dimensión insospechada.
Su fe religiosa y su hondo espíritu cristiano le abrieron los secretos de nuestra Historia, descubriéndole su verdadera magnitud.
Soldado y poeta, sintió los nobles afanes de nuestra juventud, las santas inquietudes por la grandeza de la Patria. Esa bendita impaciencia española de los siglos dorados de los que JOSÉ ANTONIO es el espejo.
Por ellos vive entre nosotros y nuestra juventud le reconoce como símbolo de sus inquietudes y precursor de nuestro Movimiento.
Mas, si la dimensión grandiosa de su pensamiento de unidad y de universalidad se perdiese en el egoísmo aldeano y limitado de grupo o de partido; si el espíritu monástico y castrense que siempre predicó, se cambiase en torpes egoísmos o en concupiscencias ambiciosas; si la idea de servicio se trocase por la de ventaja; si la de disciplina y jerarquía se bastardease con reservas o con deslealtades; si a su estilo de lenguaje claro, justo y clásico sucediese el pedante gárrulo tan opuesto a  aquél..., entonces habría muerto JOSÉ ANTONIO y con él enterraríamos el sano espíritu de nuestro Movimiento.
Al rendir, hoy, homenaje en este aniversario a nuestro Caído, le rendimos en él a todos los héroes y los mártires de nuestra Causa, de los que JOSÉ ANTONIO quiso ser y fué su ADELANTADO.
¡Dichosos los que muriendo como él, viven para la Patria!
Con su sangre gloriosa se han escrito los destinos de la Nueva España, que nada ni nadie logrará torcer.
Así lo quieren los que por España mueren y así lo sintió el mártir que hoy honramos.
JOSÉ ANTONIO PRIMO DE RIVERA: ¡PRESENTE!
¡¡ ARRIBA ESPAÑA! !
¡¡VIVA ESPAÑA!!


VICENTE FOX “En una sociedad plural no cabe la intransigencia, las visiones únicas ni las verdades absolutas. La tolerancia es imprescindible para consolidar la pluralidad en nuestra sociedad y para avanzar en una transición concertada, en cuanto a modalidades, fines, etapas y plazos”

VICENTE FOX
“En una sociedad plural no cabe la intransigencia, las visiones únicas ni las verdades absolutas. La tolerancia es imprescindible para consolidar la pluralidad en nuestra sociedad y para avanzar en una transición concertada, en cuanto a modalidades, fines, etapas y plazos”


vicente fox



Discurso de investidura, Diciembre 2000

"He asumido la alta responsabilidad de Presidente de la República protestando respetar la Constitución y las leyes que en ella tienen su origen. Lo he hecho también de frente a mi conciencia y teniendo presentes los valores y principios morales que me comprometen.
Vengo a este solemne acto portando no sólo mis convicciones personales, sino los sueños y anhelos de cambio de todos los mexicanos. No es posible pasar por alto que asumo la titularidad del Poder Ejecutivo en nuevas condiciones.
La decisión soberana de los electores el 2 de julio no tiene precedente, nadie pude arrogarse la autoría de este logro, pero a nadie puede regateársele su contribución.
Al desarrollo de esa jornada acudimos millones de mexicanos en todos los rincones del país para emitir nuestro voto. Todos participamos en esta fiesta cívica.
Quizá por primera vez en nuestra historia no hubo quien llegara tarde ni quien se rezagara. Nada impidió la libre expresión de nuestra voluntad democrática. Nadie murió aquél día para hacerla posible. Al final, el triunfo fue de todos.
A la cita acudieron también las instituciones electorales, los partidos políticos y sus candidatos. El entonces presidente Ernesto Zedillo reconoció el mandato que la ciudadanía expresó en las urnas y con ánimo republicano facilitó la transición entre su administración y el gobierno que presido a partir de hoy.
Por ello, expreso el más orgulloso reconocimiento a todas las mexicanas y mexicanos que el 2 de julio renovamos nuestro pacto político con civilidad y concordia.
La presencia de los Jefes de Estado y de Gobierno y de las misiones diplomáticas de alto nivel que hoy nos acompañan es un signo de la confianza que inspiran nuestras perspectivas de cambio.
Agradezco también la presencia de destacados representantes de la vida política, económica y cultural del mundo.
Reciban ustedes nuestro agradecimiento y lleven a sus países la manifestación de la gratitud y solidaridad de la sociedad mexicana.
Las mexicanas y los mexicanos demostramos en las pasadas elecciones nuestra voluntad y decisión de fincar sobre bases democráticas los nuevos cimientos de la nación del siglo XXI.
Este cambio democrático que entró en su fase decisiva el 2 de julio es resultado de un largo afán colectivo. Se gestó durante varias décadas con el sacrificio y la entrega de muchos mexicanos excepcionales que lucharon en distintas trincheras para hacer posible lo que ahora vivimos.
Evoco con devota emoción a Don Francisco I. Madero. Su sacrificio en pos de la democracia no fue en vano. Hoy al cierre de una etapa histórica marcada por el autoritarismo, su figura se levanta de nuevo como un hito que marca el rumbo que nunca debió abandonarse.
Brindo homenaje a los hombres y mujeres que fundaron organizaciones y partidos políticos a los que por encima del triunfo personal creyeron y enseñaron a creer en el triunfo de un México democrático; a quienes hicieron de cada esquina una tribuna hasta obtener este triunfo para la democracia.
Pienso en José Vasconcelos, en Manuel Gómez Morín, Vicente Lombrado Toledano, Valentín Campa, José Revueltas, Manuel Clouthier, Salvador Nava, Luis Donaldo Colosio, Heberto Castillo y Carlos Castillo Peraza, entre muchos otros. Hombres de signos políticos diversos, pero de una misma convicción democrática.
Todos ellos estarán hoy y siempre presentes en nuestra memoria.
En esta nueva época de ejercicio democrático, el presidente propone y el Congreso dispone. Esa es la nueva realidad del poder en México.
El presidencialismo tradicional impuso por muchos años su monólogo. Ahora más que nunca gobernar exige dialogar. La fuerza de la Nación no puede venir ya de un sólo punto de vista, de un sólo partido o de una sola filosofía.
Ahora como nunca es necesario el entendimiento, el acuerdo y la convergencia entre los distintos actores políticos, económicos y sociales, los diferentes intereses legítimos y las diversas visiones ideológicas.
Convoco a todas las fuerzas políticas a construir sin prejuicios una relación digna, transparente y sin servidumbre; a un intercambio franco y espontáneo de argumentos y razones con el nuevo gobierno para avanzar juntos en el encuadramiento jurídico del proceso de cambio.
Por mi parte, alentaré una relación cimentada en negociaciones permanentes con los grupos parlamentarios que aquí concurren, para que en el proceso de coincidencias y discrepancias alcancemos las reformas que eleven la legitimidad de las instituciones públicas y sus decisiones.
En esta sesión solemne ratificó el compromiso de mi gobierno de rendir cuentas ante esta representación nacional, tan amplia y frecuentemente como sea necesario.
Instruyo a los miembros del gabinete a atender con disposición y prontitud, semana a semana, los requerimientos de este honorable Congreso y de sus comisiones.
Los ciudadanos demandan una mejor justicia. La consolidación de la autonomía del Poder Judicial de la Federación y la independencia de sus integrantes, tendrán en el Ejecutivo a mi cargo a su mejor aliado
En esta ocasión solemne, asumo el compromiso de hacer todo lo que esté a mi alcance a fin de reforzar la capacidad de los órganos jurisdiccionales federales para determinar la constitucionalidad de las leyes de la República y la legalidad de los actos de la administración pública.
Me honra asumir, por disposición constitucional, el comando supremo de la Fuerzas Armadas.
Con honor y dignidad los soldados de México han sido fieles a su juramento a favor de la nación. Su lealtad a la República, el estricto cumplimiento de sus deberes constitucionales, su actuación ejemplar en el combate al narcotráfico y la protección civil y su respeto a los procesos políticos del país, han constituído una garantía fundamental de la democracia.
El gran reto de la reforma del Estado es inaugurar un nuevo futuro político, después de 71 años. Ello nos obliga a ser audaces para romper paradigmas, inercias y atavismos de una cultura política que ha visto en el acuerdo un acto de capitulación; y en la coincidencia política, prueba plena de cooptación.
Sólo por la vía de franquear el paso a una era de democratización profunda de la vida nacional, la reforma del Estado podrá satisfacer las expectativas sociales de cambio. Ello demanda una propuesta programática consensada de largo alcance, cuya factibilidad no se agote en un acuerdo de coyuntura.
El origen de muchos de nuestros males, se encuentra en una concentración excesiva de poder. La Reforma del Estado deberá garantizar el fortalecimiento de un ejercicio del poder cada vez más equilibrado y democrático.
Deberá garantizar también la modernización política del país por la vía de asegurar un Estado de Derecho pleno, equidad en la distribución de la riqueza, racionalidad en la estructura administrativa del gobierno, institucionalización plena del ejercicio del poder público, una amplia participación social en sus decisiones, y la preparación para enfrentar los retos de la globalización y de la revolución tecnológica que está viviendo el mundo.
La alternancia no va a cerrar por sí sola el proceso de transición. Invito a todos cuanto tienen competencia para conducir la reforma del Estado a que juntos propongamos al país las iniciativas necesarias para un cambio sustantivo de régimen político. Procedamos con sensatez y valentía a demoler todo vestigio de autoritarismo y a edificar una genuina democracia.
La Constitución que nos rige ha sido excesivamente reformada.
Necesitamos reconstruir el consenso nacional de largo plazo en torno a una ley suprema acorde con nuestras mejores tradiciones y con los requerimientos del siglo XXI
El voto ciudadano del 2 de julio fue, ante todo, un plebiscito a favor del cambio. Consecuente con ese mandato, me propongo impulsar proyectos sustantivos de reforma constitucional, decantados por una comisión de estudios, ampliamente representativa, que sintetice las principales demandas de la sociedad.
Estabilidad política y cambio democrático se condicionan de manera recíproca. Es prácticamente imposible aislarlos sin perder eficacia y es una ilusión suponer que se dará el uno sin la otra.
Juntos debemos encontrar la fórmula para abordar todos los cambios que la nación demanda, sin perder la eficacia en la conducción del gobierno.
Para garantizar una democracia eficaz y una eficacia democrática, asumo el compromiso de promover siete reformas medulares, recogidas durante mi campaña presidencial como el mandato de cambio de los mexicanos:
Una reforma que consolide el avance democrático, para que toda persona pueda hablar con libertad y ser escuchada.
Una reforma que avance en el combate a la pobreza y en la igualdad social, para que ninguna madre carezca de dinero para comprar la leche de sus hijos.
Una reforma educativa que asegure la formación del mejor capital humano y para que ningún joven en nuestro país, así sea el de condición más humilde, se quede sin alcanzar su proyecto educativo por falta de recursos.
Una reforma que garantice el crecimiento con estabilidad en la economía, para que nunca más nuestros jóvenes tengan que dejar su hogar y emigrar a otro país.
Una reforma que descentralice facultades y recursos de la Federación para darles mayor vitalidad a los estados a los municipios y a las comunidades.
Una reforma que asegure la transparencia y el rendimiento de cuentas en las tareas del gobierno, para anular la corrupción y el engaño.
Una reforma que abata la inseguridad y cancele la impunidad, para que toda familia pueda dormir tranquila.No se puede hacer política rindiendo culto a nuestras diferencias. Las diferencias políticas e ideológicas, consustanciales a toda sociedad democrática, antes que dividirnos nos enriquecen.
Es imprescindible convertir esa valoración en premisa básica de la nueva convivencia mexicana, para pasar de un pluralismo polarizante a una relación plenamente civilizada entre los distintos actores políticos
Tenemos toda una historia por delante que es imprescindible empezar a construir sobre un diálogo propositivo y en el marco de una relación madura entre los actores políticos, que conduzca a la lucha con ética y respeto y no como un pleito por el poder.
Aceptemos con realismo que la democratización plena del país es una causa nacional que difícilmente surgirá de iniciativas partidistas aisladas.
Todos estamos limitados por la correlación de fuerzas, lo que significa que ninguna expresión política podrá impulsar cambio alguno en forma independiente.
En una sociedad plural no cabe la intransigencia, las visiones únicas ni las verdades absolutas. La tolerancia es imprescindible para consolidar la pluralidad en nuestra sociedad y para avanzar en una transición concertada, en cuanto a modalidades, fines, etapas y plazos.
Lo que está en juego en los próximos seis años no es sólo el cambio de un partido en el poder. Está en juego algo mucho más significativo y profundo: las esperanzas de millones de mexicanas y mexicanos.
Aquí encuentra el proceso de convergencia democrática su verdadero valor histórico, su sustento ético, moral y político. Ese es el verdadero reto en esta etapa de transición: dar respuesta a las esperanzas de todas y todos a través del encuentro entre las diferentes fuerzas políticas y sociales de la nación.
Como muchos de ustedes en este recinto y en todo nuestro país, yo crecí en un rancho, en un ejido, y todos en el campo sabemos que la mayor cosecha es la que crece del híbrido de distintas semillas, porque aún la naturaleza obtiene la mayor fuerza de la diversidad. Así es como la gente del campo alimentamos el mejor ganado, y el obrero forja los metales más fuertes.
Todas y todos en este Congreso, todos quienes nos escuchan y ven en toda la nación debemos saber que la diversidad es el fundamento de nuestro futuro. Nuestras ideas, nuestra energía, nuestro trabajo, son los ladrillos, el pico, la pala y el acero templado para construir el nuevo México.
El estricto respeto a la libertad de expresión es garantía irrenunciable del desarrollo democrático. Su preservación es el compromiso primero de todo Estado democrático. Creo firmemente que los medios de comunicación nacen de la libertad y sólo en ella pueden cumplir su responsabilidad ética de informar a la sociedad.
Mi gobierno observará un absoluto respeto a esa libertad fundamental de informar y disentir. Escucharemos y atenderemos el escrutinio cotidiano de la opinión de la ciudadanía.
Me comprometo con una nueva ética que supere el vicio histórico de una cultura oficial que privilegió el control y la manipulación de la información sobre los asuntos públicos, en demérito de su oportunidad y veracidad.
En el umbral del nuevo milenio, un centralismo absorbente y un federalismo simulado impiden que México sea un auténtico Estado federal.
Proximidad al Presidente de la República, simpatías probadas o simuladas, complicidades, obediencias, desobediencias o irreverencias políticas han hecho del federalismo un concepto aleatorio, sujeto a vaivenes sexenales.
Tenemos que encontrar nuevas vías para conducir las relaciones del Ejecutivo Federal con los gobiernos estatales a través de formas ajenas al cómodo mecanismo de control político y financiero subyacente en el actual sistema.
A fin de replantear sus términos, hoy convoco a una gran alianza federal para diseñar un esquema coherente en el que cada uno de los ámbitos federal, estatal y municipal lleve a cabo con eficiencia y transparencia las labores que le sean encomendadas.
Abrir la política y el ejercicio del poder a la participación y control desde la base social será un objetivo central de mi gobierno. Acepto el mandato popular de consolidar la democracia a través de fórmulas relacionadas con la democracia directa, como el plebiscito, el referéndum y la iniciativa popular.
En un sistema políticamente moderno tales instrumentos, debidamente reglamentados, permiten que la ciudadanía manifieste su sentir de manera precisa y proporcione orientaciones enriquecedoras a sus gobernantes.
Tengo una visión incluyente sobre el trabajo de los movimientos sociales. Tendrán todo el respaldo de mi gobierno, en particular las organizaciones que, en gran pasión y vocación de servicio, han hecho de la atención a los grupos vulnerables un proyecto de vida.
La sociedad que queremos exige terminar con toda forma de discriminación. Haremos realidad nuestros compromisos de eliminar toda forma de discriminación y exclusión de los grupos minoritarios.
El objetivo es que no haya entre un ser humano y otro más diferencia que las que señalen su compromiso con la libertad, la justicia y la fraternidad.
Los mexicanos aspiramos y merecemos vivir en la certeza de la legalidad, en la que el ejemplo del gobierno haga del orden legal una realidad cívica. Caprichos e insuficiencias en la aplicación de la ley explican muchos de nuestros males sociales.
En México, el uso de la violencia ha sido una prerrogativa del gobierno más que del Estado. No pocos actos de coerción del Estado han sido motivados por conveniencias polícias de algún funcionario o grupo de poder. La enemistad personal o la discrepancia política con quienes detentan el poder han sido causa frecuente para que el ciudadano común sea víctima de la "fuerza del Estado".
Sin embargo, no se puede gobernar por la fuerza. Se necesita algo más que conceder beneficios ilegales o repartir intimidaciones igualmente ilegales para estimular los mejores esfuerzos de los mexicanos.
Para gobernar y preservar la seguridad política del Estado no es valido usar aparatos de espionaje, de vigilancia e intimidación en contra de partidos, sindicatos, organizaciones sociales, personajes políticos o líderes de opinión.
Un gobierno que espía para saber lo que la gente está pensando es porque no está escuchando. Mi gobierno no tolerará que continúen impunemente estas prácticas: la represión nunca más será medio para resolver diferencias políticas. Mi gobierno no distraerá a los órganos de seguridad para disuadir a sus críticos o para neutralizar a sus opositores, mientras que el Estado carece de información indispensable para la seguridad nacional.
Los peligros que acechan a la seguridad colectiva de los ciudadanos, los riesgos para la seguridad nacional y las contingencias de carácter natural o humano que debemos anticipar y evitar, nunca provienen del ejercicio de la libertad.
Tengo la plena convicción de que mientras más libre y más clara sea la expresión de los ciudadanos, mientras más tolerancia tengamos hacia los proyectos ideológicos en disputa, y más abiertas y transparentes sean las instituciones públicas, más segura estará la República.
México no será ya más referencia de descrédito en materia de derechos humanos. Vamos a protegerlos como nunca, a respetarlos como nunca y a consolidar una cultura que repudie cualquier violación y sancione a los culpables.
La corrupción ha dejado exhausta la credibilidad social en el gobierno. La prepotencia y la arbitrariedad han configurado el resto de su imagen. Tales excesos mantienen en la agenda pública el reclamo social de restituir autoridad moral al ejercico de gobierno.
La solución no es tan sólo más leyes o leyes más duras. Se requiere sobre todo que su aplicación se dé en un marco de plena certeza. Esa es la mejor alternativa. Combatiré estos males con el rigor y el imperio de la ley, con todo el poder del Presidente de la República, pero también con la fuerza sencilla y poderosa del ejemplo.
No repetiremos errores del pasado ni desperdiciaremos nada de lo que hasta ahora hemos logrado con el esfuezo de todas y todos los mexicanos.
Las decisiones de mi gobierno tendrán congruencia histórica, pero no aceptaré que sea el pasado el que decida la suerte, las expectativas de nuestro porvenir. La historia se hace viendo siempre hacia el futuro.
Pero ninguna relación con el pasado es saludable si no está fincada en la verdad. Sin sustituir a las instancias de procuración e impartición de justicia, me propongo abrir lo que ha permanecido cerrado en episodios sensibles de nuestra historia reciente e investigar lo que no ha sido resuelto, mediante una instancia que atienda los reclamos por la verdad de la mayoría de los mexicanos.
No es posible contener la justa indignación social: los grandes corruptos del pasado, del presente y del futuro rendirán cuentas; no habrá para ellos borrón y cuenta nueva. No habrá piadoso olvido para quienes delinquieron; tampoco habrá tolerancia para quienes pretendan continuar con privilegios hoy inaceptables.
Sin embargo, ningún acto relacionado con el pasado estará inspirado por resentimiento alguno, venganza, ansias de reivindicación personal o aspiraciones a reinterpretar la historia.
No daremos cuartel a la delincuencia. No descansaremos hasta que vivamos seguros, sin temor ni angustia; hasta que disfrutemos de la vida sin asaltos ni vejaciones. Abordaremos el rompecabezas de la inseguridad con la fortaleza de la ley y las instituciones, pero también con medidas que hagan desaparecer la desigualdad extrema y la marginación.
Las medidas policiacas desvinculadas del contexto social corren el riesgo de tornarse en represión. Y no sirve apostarle al autoritarismo cuando la criminalidad no es sólo producto de la debilidad de las fuerzas de seguridad: No hay cuerpo policiaco capaz de contener hambre y desempleo.
Reconocer con objetividad la realidad, sin deformaciones ni complacencias, es una premisa básica para mejorarla. Y con nuestra realidad nadie puede estar satisfecho. No obstante que existe estabilidad en las principales variables macroeconómicas, seguimos sin alcanzar el viejo anhelo de moderar opulencia e indigencia.
Recibo este gobierno con una economía en marcha, ciertamente, pero con un presupuesto con muy escaso margen de maniobra para responder a los enormes rezagos sociales.
A lo largo de mi campaña electoral observé grandes potenciales humanos y naturales desaprovechados en todo el país: niños sin escuela; jóvenes sin futuro ni perspectivas de avance; desintegración familiar; marginación y discriminación; profesionistas y técnicos altamente capacitados sin otra alternativa que el desempleo y el subempleo; madres solteras y sin preparación como único sostén de sus hogares; ancianos sin apoyo ni recursos para pasar con tranquilidad la última etapa de sus vidas; y sistemas ecológicos en franca degradación.
La responsabilidad gubernamental acumulada es enorme en materia social. El más mínimo sentido común señala la falsedad de la tesis que afirma que es preciso frenar el nivel de vida de la población en aras de la salud económica. Sostengo enfáticamente que la justicia social es parte de una economía eficiente, no su adversaria.
Es hora de reconocer que ni todo puede ser resuelto por el Estado, ni todo puede ser solucionado por el mercado. Dicho de otro modo: ni el Estado todo, ni el individuo solo.
Es mi convicción que el voto por la democracia es inseparable del voto por la equidad social.
Podemos cerrar los ojos a la miseria y a la marginación. Podemos vivir con más delincuencia, menos agua, menos bosques y un ambiente más contaminado. Podemos fingir que no vemos la corrupción, la pobreza ni el desempleo. Si lo hacemos, estaremos traicionando a quienes han luchado por el cambio. México ya no quiere ni puede sobrevivir entre islas de riqueza y prosperidad rodeadas por mares de miseria.
Desde hace mucho tiempo, millones de mexicanos resisten la sobrecarga de la marginación y la pobreza. Quienes la padecen tienen justos reclamos que formular a la sociedad y al Estado.
El desarrollo que promoveré será humano y social, porque de lo contrario se extravían sus fines. Estoy convecido de que la economía debe recuperar su dimensión moral y humanista para darle sentido y rumbo.
Estoy convencido, también, de que la calidad de vida de una sociedad no se mide únicamente por su capacidad para generar riqueza sino, sobre todo, por la equidad para distribuirla.
Sé que no es una lucha que ganaremos de la noche a la mañana, pero es mi compromiso, mi pasión, mi reto, asegurar que ninguna persona o familia quede excluida de los beneficios del desarrollo. Mi dedicación no tendrá descanso frente a esta tarea inaplazable.
Trabajaré con todos y por todos, pero buscaré atender siempre primero a quienes esperan la justicia desde tiempo inmemorial; a quienes cotidianamente sufren la miseria, el abandono, la ignorancia y la violencia. La educación de calidad, el empleo y desarrollo regional serán las palancas para romper de una vez por todas el ciclo de la pobreza que es inequidad, injusticia, discriminación y exclusión.
Con las comunidades indígenas tenemos una deuda que habremos de saldar. Los pueblos originarios de estas tierras siguen sufriendo una intolerable situación de injusticia, marginación y desigualdad. Desde mi campaña lo ofrecí y hoy lo refrendo como Presidente Constitucional de la República: he estado, estoy y estaré comprometido con una nueva relación entre los pueblos indígenas y el Estado mexicano. Trabajaré sin descanso hasta lograrlo.
Aplicaré programas dirigidos al mejoramiento de sus comunidades, que ellas mismas habrán de administrar. Reitero clara e inequívocamente que esta tarea es y será, desde este momento, responsabilidad directa del Presidente de la República; que en el cumplimiento de este compromiso voy por delante.
Sin embargo, todo esfuerzo será insuficiente sin la participación plena, constante de los propios Pueblos Indios y sus representantes en las deliberaciones, en las propuestas y en las decisiones nacionales.
Hermanos de las comunidades y los pueblos indígenas, permítanme dirigirme a ustedes de manera especial:
Como Presidente de México asumó responsablemente el compromiso de crear condiciones que hagan posible la participación permanente de todos y cada uno de ustedes, de sus comunidades y pueblos, en la construcción de los marcos legales que garanticen, dentro del Estado nacional, el ejercicio pleno de su autonomía y su libre determinación en la unidad nacional.
¡Nunca más un México sin ustedes.
En México y en Chiapas hay un nuevo amanacer.
En Chiapas, serán las acciones -no las palabras huecas- el eje vertebral de una nueva política federal y presidencial que conduzca a la paz.
Fue mi palabra empeñada enviar al Congreso de la Unión, como iniciativa de Ley, el documento elaborado por la Cocopa que sintetiza el espíritu de los Acuerdos de San Andrés. Y éste será el primer acto de mi gobierno en referencia al Congreso.
Convoco a los legisladores, a las fuerzas y partidos políticos, para que deliberen con plena responsabilidad el tema capital que aquel documento entraña: el del Estado, la Sociedad y los Pueblos Indios de México.
En el ámbito rural, buscaremos que los campesinos puedan progresar con los recursos fruto de su trabajo y no con los que pueda darles el gobierno. Vamos a pasar de subsidios ineficientes, a los apoyos productivos que generen riqueza.
La educación será la columna vertebral del desarrollo. Ratifico mi palabra de buscar todos los medios a fin de elevar el presupuesto en educación, porque es aquí donde invertimos para el futuro; es aquí, en nuestra calidad educativa, donde radiquan las posibilidades de que niños y jóvenes se constituyan en fuerza para la Nación.
La universidad pública mantendrá el lugar privilegiado que actualmente ocupa en la formación de profesionales. No está en el orden del día su privatización. Lo que somos hoy en el terreno de las profesiones, las empresas y el conocimiento científico y cultural es en gran parte fruto de su obra.
Sólo a las respectivas comunidades universitarias corresponde determinar las reformas para preservar sus núcleos de excelencia y adecuarse a los requerimientos impuestos por los avances científicos y tecnológicos, así como por la aparición de perfiles profesionales superiores derivados de los nuevos conocimientos.
Refrendo la laicidad, el carácter público y la gratuidad que establecen nuestras leyes en la educación que imparte el Estado. No habrá en mi gobierno ninguna medida que las afecte. Sobre estas bases extenderemos la educación a todos los mexicanos, promoveremos su equidad y nos empeñaremos en la formación de valores, en el desarrollo humano de los alumnos y en la capacitación eficiente para la vida y el trabajo.
La riqueza cultural de México está en su pluralidad. Octavio Paz nos mostró al mexicano encerrado en su laberinto, escondido detrás de su máscara, lastimado por heridas ancentrales que provocaron sometimiento y frustración.
Debemos avanzar y salir al mundo con orgullo y autoestima, convencidos de que lo que nos distingue del resto del mundo es también lo que nos da identidad.
Los chiquillos serán nuestra prioridad, la justificación de todos nuestros empeños. Hoy por la mañana desayuné con niños de la calle. Percibí en sus rostros el abandono y la injusticia. Cuando asumo ante el pueblo de México cada uno de los compromisos que hago de cara a la nación, está en mi mente el recuerdo de esos niños a los que ofrecí no fallarles.
Hoy les digo a todas las chiquillas y los chiquillos mexicanos que no les fallaré. El futuro de México no puede construirse al margen de más de la mitad de su población. Las mujeres, empeñadas en su mayoría en dos jornadas cotidianas de trabajo -la laboral y la derivada de su atención a los asuntos del hogar y la familia-, demandan espacios y oportunidades a la altura de su entrega. Es mi convicción atender ese reclamo.
Mi gobierno se conducirá con perspectiva de género. Impulsará una transformación cultural que reconozca los valores y que promueva las medidas para facilitar la plena integración de la mujer en todos los ámbitos del quehacer nacional. En este compromiso empeñaré toda la fuerza de la Presidencia que ahora asumo.
El programa económico de mi gobierno contempla un compromiso auténtico con la estabilidad y el crecimiento económico: Con las variables macroeconómicas no vamos a jugar. No queremos victorias pírricas en el combate a la pobreza.
Las medidas de bienestar artificial terminan por confiscar el fruto del trabajo de todos y por aplazar el bienestar que anhelamos. Mantendremos la estabilidad macroeconómica porque representa ese orden sin el cual lo ganado se pierde, pero trabajaremos para convertirla en beneficios tangibles y concretos en el bolsillo de la cada mexicana y mexicano.
El programa económico que proponemos contempla una participación eficaz y ponderada del gobierno para promover la equidad entre las regiones, las empresas y los hogares; una política de desarrollo empresarial para la pequeña y mediana empresa y una política de economía con sentido social para la microempresa y para los trabajadores por su cuenta.
Vamos a emancipar a las mexicanas y mexicanos de menores ingresos de un sistema legal e institucional de crédito que los discrimina.
Comparto la aspiración de construir una relación de respeto, diálogo y objetivos comunes con los obreros y sus sindicatos. Muchas son las metas que habremos de alcanzar, comenzando por la elevación gradual pero sostenida del nivel de vida de los trabajadores. Pero no hay soluciones mágicas. Requerimos aumentar la productividad; crear riqueza y distribuirla al mismo tiempo.
Mi gobierno quiere apoyar este esfuerzo mediante la actualización de la legislación laboral para consolidar derechos, promover el empleo, fomentar la capacitación, la productividad y la competitividad, y dar nuevos cauces a la vida sindical.
La reforma fiscal no es la salida fácil para resolver los problemas de ingreso del gobierno; es la salida correcta.
El México que queremos edificar tendrá una piedra angular en la reforma fiscal integral como vía para estimular el ahorro, las inversiones y transformar la recaudación en motor del desarrollo.
Sus criterios serán de equidad en las cargas, simplificación del pago y eficacia en la administración. Su objetivo será disponer de mayores recursos para beneficiar a los más pobres; para incluir a los excluidos.
Por sobre todo, los recursos fiscales de la nación serán invertidos en salud, seguridad y educación para la siguiente generación, no para comprar votos para la siguiente elección.
Como presidente de la República, pondré en este objetivo sustancial la fuerza jurídica de mis facultades constitucionales, la legitimidad que me otorgó el voto y toda mi voluntad política.
En materia de recursos energéticos seremos fieles a nuestra historia y atenderemos las previsiones estratégicas frente al porvenir.
En este proceso no se privatizará la Comisión Federal de Electricidad ni se venderá ninguno de sus activos. Promoveremos ante este Honorable Congreso la apertura a la inversión a fin de salvaguardar los recursos fisclaes para invertirlos en hospitales, escuelas, desarrollo de comunidades indígenas y combate a la pobreza.
En el marco constitucional vigente, PEMEX continuará como propiedad exclusiva de la nación. Debe reconocerse, sin embargo, que enfrenta una fuerte rigidez administrativa, presupuestal y normativa que le impiden desarrollarse como empresa eficiente y competitiva. Hoy ratificó que PEMEX sera transformada en una empresa manejada con criterios de eficiencia y sujeta a criterios de vanguardia a nivel mundial. Será también una empresa con sensibilidad para las regiones, los estados y los municipios en los que opera.
La globalización es el signo de nuestro tiempo, pero debemos conciliarla con los intereses de México. En materia de política exterior, rechazamos todo intento de injerencia en nuestros asuntos internos; condenamos cualquier intención de hacer valer un criterio extraterritorial en la aplicación de las leyes de terceros; nos oponemos a las visiones unilaterales y a cualquier trato que infrinja la regla máxima del derechos internacional; igualdad soberana entre las naciones.
Mi gobierno no dejará solos a nuestros migrantes ni a nuestras empresas frente a abusos de la autoridad o prácticas desleales del comercio internacional. Nos aseguraremos de que el talento que tenemos por todo el mundo en nuestras embajadas y consulados, se convierta en el mejor aliado de sus derechos y en una verdadera palanca del desarrollo económico de nuestro país.
Una de las cosas que más duelen es ver cómo cada año, cientos de miles de mexicanos, muchos de ellos bien preparados, tienen que emigrar a Estados Unidos y Canadá para encontrar ahí trabajo y oportunidades que les son negados en su propio país.
A todos ellos reitero el compromiso de que velaré por sus derechos en el extranjero y en su regreso a México.
Aquí haremos lo esencial: trabajaremos para que pronto encuentran las oportunidades que fueron a buscar, porque México los necesita.
Hoy propongo democratizar el acceso a los servicios de salud pública; contar con un sistema en el que los beneficiarios tengan voz en las decisiones que los afectan y una mayor libertad en la elección del prestador del servicio, hasta llegar a que cada familia elija su propio médico. Si el 2 de julio los mexicanos eligieron a su Presidente, no veo porque no pueden elegir a su médico.
El cambio implica brindar protección financiera en materia de salud a toda la población, para que al finalizar el sexenio, todas las familias mexicanas cuenten con un seguro básico de salud. Implica también que los servicios públicos de salud se otorguen no sólo con calidad, sino con el respeto, la calidez y sensibilidad que todos queremos.
La vivienda es el espacio esencial de las familias mexicanas. Es un derecho consignado en la Constitución que sigue siendo letra muerta para miles de nuestros compatriotas.
Es un compromiso central de mi gobierno que cualquier mexicano tenga acceso a comprar, construir, remodelar o rentar una casa de acuerdo a su presupuesto, capacidad de crédito y preferencia.
Los sueños de cientos de miles de mexicanas y mexicanos para contar con un hogar seguro y digno encontrarán respuesta en mi gobierno.
Los modelos de crecimiento económico experimentados en las últimas décadas han seguido la estrategia de crecer hoy y limpiar después.
La protección del patrimonio natural de los mexicanos es parte esencial de mi programa de gobierno. Promoveremos una economía productiva y competitiva en armonía con el ambiente. Sólo bajo un eje de desarrollo sustentable es que daremos cabida a la inversión productiva y el crecimiento económico.
Difiero radicalmente de la antigua expresión de que el poder no se comparte. Con esa idea se ha prohijado el cacicazgo, el centralismo, el autoritarismo y todas las demás formas perniciosas de ejercer la función pública.
Compartiré el poder, pero también las responsabilidades. Soy depositario del Poder Ejecutivo, no su propietario. Jamás me alzaré por encima del marco de origen democrático del cargo que he recibido. Nunca será mi propósito concentrar el poder, sino ganar autoridad moral en su ejercicio.
No seré un Presidente que lo pueda todo. Terminará entre nosotros la época en que el Presidente de la República era omnipresente en el escenario nacional.
Ya no es más una sola persona, o un gobierno, el responsable de los destinos de la nación. Todos tenemos, en nuestras trincheras cotidianas, un papel que jugar en esta gran lucha a favor de México.
A todos invito, a todos convoco a una gran alianza para transitar de la discrecionalidad al Estado de Derecho; una gran alianza para avanzar de la marginación al desarrollo; una gran alianza para transformar el pesismismo en esperanza; una gran alianza que fomente la unidad, la concordia y el acuerdo entre las mexicanas y mexicanos.
Iniciamos nuestra gestión con un equipo de gobierno cuyo signo es la pluralidad. Se trata de un equipo de funcionarios de convicción democrática y con ideas nuevas, que reúnen una adecuada amalgama de inteligencia, lealtad y pericia. Capaces, honestos y con sentido de Estado, y ajenos, por supuesto, a una visión política de clan o cofradía.
A ellos quiero expresarles en público lo que les dije en privado: No creo en la habilidad de aquellos políticos que para ser eficaces actúan al margen de toda noción de legalidad. Los recursos indebidos de que se valen y su falta de escrúpulos, descalifican cualquier habilidad. Tampoco creo en aquella institucionalidad que obliga a la complicidad y que es pretexto para justificar atrocidades.
Tengo las botas bien puestas en la tierra: A la realidad la veo de frente y nunca le doy la espalda. Gobernaré alejado del culto a la personalidad y de toda concepción patrimonialista del poder. No buscaré más privilegio que el de servir.
Esta misma convicción les exigiré a quienes integran mi equipo de gobierno, les exigiré, también, cuentas por actos de corrupción de sus subordinados.
Todos debemos aceptar esta dura carga con gravedad, serenidad y satisfacción, pero también con profunda alegría. Las duras jornadas que nos esperan serán las mejores que Dios nos haya concedido vivir, pues nada hay más hermoso que servir a la Patria.
Creo en mi país y únicamente su interés me compromete. Asumo con orgullo la misión de colaborar en la construcción colectiva de su destino, asignada por la voluntad democrática de los mexicanos.
Como Presidente de la República estaré siempre abocado al cumplimiento de mi mandato con responsabilidad, honradez, eficacia y patriotismo. No toleraré desviación alguna, y me cercioraré de que cada peso de los recursos públicos sea bien gastado.
Ejerceré la autoridad con firmeza, pero sin comportamientos hostiles hacia ningún grupo o sector que actúe dentro de la legalidad.
Es mi mayor aspiración convertir la esperanza de todos los mexicanos en confianza. Sé perfectamente que enfrentaré muchos obstáculos. La población ha sufrido muchos engaños. Mi estrategia, en consecuencia, no será compleja: Por encima de convencionalismos, en mi palabra estará siempre empeñada la mayor sinceridad.
Estoy y seguiré obligado por mis compromisos de campaña. A ellos me apegaré sin reservas. Los mexicanos aspiramos a un gobierno que sirva con sensibilidad y cercanía a sus intereses. Escucharé con obediencia su voz. Nutriré mi sensibilidad con una intensa comunicación con organizaciones, grupos y sectores sociales.
Siento una gran responsabilidad ante las expectativas de todas las mexicanas y mexicanos; particularmente las de los jóvenes y los chiquillos. Para satisfacerlas, una sola es la consigna: trabajar duro a partir de ¡hoy!
A las niñas y niños, que en unos cuantos años tendrán el país en sus manos, les debemos una mirada confiada y una vida exenta de angustias y temores. A ellos les responderemos con un crecimiento económico que permita a todos los jefes de familia tener un empleo para vivir con dignidad y decoro. Comenzamos ¡hoy!
No más niños de la calle, no más deserción escolar, no más ilusiones frustradas. Para lograrlo, empezamos ¡hoy!
A los jóvenes les ofrezco escuchar siempre sus voces, atender invariablemente el mensaje de sus miradas, compartir la lucha por realizar sus sueños y contagiarme de su simpatía social para combatir las injusticias.
Les responderemos con universidades de más calidad y con diversidad de opciones profesionales; con un sistema de becas que reconozca el mérito y el esfuerzo, porque ningún joven debe ver frustradas sus ambiciones ni el despliegue de sus cualidades y talentos por falta de recursos para estudiar. Para que esto sea efectivo, iniciamos ¡hoy!
A las mujeres y hombres que ocupan las trincheras del trabajo, a las familias, a los maestros y profesionistas; a los intelectuales y creadores, a nuestros técnicos y artesanos, les debemos un país de leyes, un país seguro. A todas y a todos les responderemos con la recuperación de la seguridad en la ciudad y en el campo a partir de ¡hoy!
A los jubilados les digo que lucharé por pensiones justas que les permitan vivir con la dignidad que se merecen desde ¡hoy!
La construcción del México del futuro no es tarea de un individuo. Se necesita del trabajo y el compromiso de todos. Cada quien desde su trinchera, pero siempre con pasión y amor por nuestra patria.
No basta votar y luego abandonar la participación política. La responsabilidad no excluye a nadie. Al contrario, el cambio verdadero, profundo, radical, vendrá de todos, o no vendrá.
Hagamos a un lado el pesimismo y la apatía. Seamos optimistas, sin dejar de tener los pies sobre la tierra.
Con realismo y alegría construyamos el porvenir. Día a día convirtamos nuestro presente, el nuestro, el de nuestras familias, en un mejor futuro para todos. Está en nuestras manos y a nuestro alcance. Con el esfuerzo de todos, todos estaremos mejor. Empecemos ¡hoy!.
Hemos heredado rezagos y tenemos enfrente tareas por hacer y problemas que resolver. El reto es grande, pero no nos debe intimidar. No tiene por qué hacerlo.
El 2 de julio despertó una intensa emoción entre nosotros y fortaleció nuestro amor por México. Con ese triunfo hemos ganado de entrada un nuevo ánimo para encarar los retos por venir. No lo perdamos jamás. Vivámoslo cada día a plenitud, buscando siempre ser mejores y manteniendo viva la llamada de la esperanza.
¡Hoy! todos somos responsables de cumplir el mandato que nos dimos en esa ejemplar elección. Mandato de cambio para instaurar un ejercicio democrático del poder.
Todos, sin excepción, sociedad y gobierno, estamos comprometidos a realizar un renovado esfuerzo para emprender con ánimo constructivo esta etapa de consolidación de una nueva cultura política, sustentada en el respeto a los valores democráticos de libertad, pluralidad y tolerancia.
Amigas y amigos de todo México y fuera de México:
Miembros del Congreso de la Unión:
Pueblo de México:
Nadie nos arrebatará la fuerza de nuestra esperanza. Haremos un México tan grande como nuestros sueños.
Nadie puede apostar a ganar solo. La apuesta es que todos ganemos.
Los mejores tiempos de México están por venir, pero no vendrán solos. Hay que ir por ellos. ¡Hoy! todos tenemos una trinchera que cubrir para hacer realidad nuestros anhelos y esperanzas. Sin el apoyo de todos, nada cambiará. Con el apoyo de todos, no habrá nada que no podamos cambiar.
Ganemos el futuro, ¡hoy! Comencemos las tareas, ¡hoy! Hagamos efectiva la Revolución de la Esperanza ¡hoy! En esta tarea México cuenta con todos nosotros. Hoy y siempre.
¡Viva México! México ya ¡Viva México! México ya."