martes, 8 de septiembre de 2015

RIGOBERTA MENCHÚ TUM “¡Libertad para los indios donde quieran que estén en América y en el mundo, porque mientras vivan vivirá un brillo de esperanza y un pensar original de la vida!”

RIGOBERTA MENCHÚ TUM
“¡Libertad para los indios donde quieran que estén en América y en el mundo, porque mientras vivan vivirá un brillo de esperanza y un pensar original de la vida!”






Discurso de aceptación del Premio Nobel de la Paz de 1992, 10 de Diciembre de 1992

Honorables señores del Comité Nobel de la Paz,
Sus majestades los Reyes de Noruega,
Excelentísima señora Primer Ministro,
Excelentísimos miembros de gobiernos y del Cuerpo Diplomático,
Apreciables compatriotas guatemaltecos,
Señoras y señores.
Me llena de emoción y orgullo la distinción que se me hace al otorgarme el Premio Nobel de la Paz 1992. Emoción personal y orgullo por mi Patria de cultura milenaria. Por los valores de la comunidad del pueblo al que pertenezco, por el amor a mi tierra, a la madre naturaleza. Quien entiende esta relación, respeta la vida y exalta la lucha que se hace por esos objetivos.
Considero este Premio, no como un galardón hacia mí en lo personal, sino como una de las conquistas más grandes de la lucha por la paz, por los derechos humanos y por los derechos de los pueblos indígenas, que a lo largo de estos 500 años han sido divididos y fragmentados y han sufrido el genocidio, la represión y la discriminación.
Permítanme expresarles todo lo que para mí significa este Premio.
En mi opinión, el Premio Nobel nos convoca a actuar en función de lo que representa y en función de su gran trascendencia mundial. Es, además de una inapreciable presea, un instrumento de lucha por la paz, por la justicia, por los derechos de los que sufren las abismales desigualdades económicas, sociales, culturales y políticas, propias del orden mundial en que vivirnos, y cuya transformación en un nuevo mundo basado en los valores de la persona humana, es la expectativa de la gran mayoría de seres que habitamos este planeta.
Este Premio Nobel significa un portaestandarte para proseguir con la denuncia de la violación de los Derechos Humanos, que se cometen contra los pueblos en Guatemala, en América y en el mundo, y para desempeñar un papel positivo en la tarea que más urge en mi país, que es el logro de la paz con justicia social.
El Premio Nobel es un emblema de la Paz y del trabajo en la construcción de una verdadera democracia. Estimulará a los sectores civiles para que, en una sólida unidad nacional, aporten en el proceso de negociaciones en busca de la paz, reflejando el sentir generalizado - aunque algunas veces no expresado por el temor - de la sociedad guatemalteca; el de sentar las bases políticas y jurídicas para darle impulso irreversible a la solución de las causas que dieron origen al conflicto armado interno.
Sin duda alguna, constituye una señal de esperanza para las luchas de los pueblos indígenas en todo el Continente.
También es un homenaje para los pueblos centroamericanos que aún buscan su estabilidad, la conformación de su futuro y el sendero de su desarrollo e integración sobre la base de la democracia civil y el respeto mutuo.
El significado que tiene este Premio Nobel lo demuestran los mensajes de felicitación que llegaron de todas partes, desde jefes de Estado - casi todos los Presidentes de América - hasta las Organizaciones Indígenas y de Derechos Humanos, de todas partes del mundo. De hecho, ellos ven en este Premio Nobel no solamente un galardón y un reconocimiento a una persona, sino un punto de partida de arduas luchas por el logro de esas reivindicaciones que están todavía por cumplirse.
En contraste, paradójicamente, fue precisamente en mi país donde encontré de parte de algunos las mayores objeciones, reservas e indiferencia respecto al otorgamiento del Nobel a esta india quiché. Tal vez porque, en América, sea precisamente en Guatemala en donde la discriminación hacia el indígena, hacia la mujer y la resistencia hacia los anhelos de justicia y paz, se encuentran más arraigadas en ciertos sectores sociales y políticos.
En las actuales circunstancias de este mundo convulso y complejo, la decisión del Comité Noruego del Premio Nobel de la Paz de otorgarme esta honorable distinción, refleja la conciencia de que por ese medio se está dando un gran aliento a los esfuerzos de paz, reconciliación y justicia; a la lucha contra el racismo, la discriminación cultural, para contribuir al logro de la convivencia armónica entre nuestros pueblos.
Con profundo dolor, por una parte, pero con satisfacción por otra, hago del conocimiento de ustedes, que temporalmente el Premio Nobel de la Paz 1992 tendrá que permanecer en la Ciudad de México, en vigilia por la paz en Guatemala. Porque no hay condiciones políticas en mi país que permitan avizorar una pronta y justa solución. La satisfacción y reconocimiento provienen del hecho de que México, nuestro hermano país vecino, que tanto interés y esfuerzo ha puesto en las negociaciones que se realizan para lograr la paz y ha acogido a los refugiados y exiliados guatemaltecos, nos ha otorgado un lugar en el Museo del Templo Mayor (cuna de la memoria milenaria de los Aztecas) para que el Premio Nobel resida, en tanto se crean las condiciones de paz y seguridad para ubicarlo en Guatemala, la tierra del Quetzal.
Al valorar en todo lo que significa el otorgamiento del Premio Nobel, quiero decir algunas palabras en representación de aquellos que no pueden hacer llegar su voz o son reprimidos por expresarla en forma de opinión, de los marginados, de los discriminados, de los que viven en la pobreza, en la miseria, víctimas de la represión y de la violación a los derechos humanos. Sin embargo, ellos que han resistido por siglos, no han perdido la conciencia, la determinación, la esperanza.
Permítanme, señoras y señores, decirles algunas palabras sobre mi país y la Civilización Maya. Los Pueblos Mayas se desarrollaron geográficamente en una extensión de 300 mil kilómetros cuadrados; ocuparon lugares en el Sur de México, Belice, Guatemala y partes de Honduras y El Salvador; desarrollaron una civilización muy rica en los campos de la organización política, en lo social y económico; fueron grandes científicos en lo concerniente a las matemáticas, la astronomía, la agricultura, la arquitectura y la ingeniería; y grandes artistas en la escultura, la pintura, el tejido y el tallado.
Los Mayas descubrieron la categoría matemática CERO, casi al mismo tiempo que ésta fue descubierta en la India y después trasladada a los árabes. Sus previsiones astronómicas basadas en cálculos matemáticos y observaciones científicas, son asombrosos todavía ahora. Elaboraron un calendario más exacto que el Gregoriano, y en la medicina practicaron operaciones quirúrgicas intracraneanas.
En uno de los libros Mayas que escaparon de la destrucción conquistadora, conocido como Códice de Dresden, aparecen los resultados de la investigación acerca de los eclipses y contiene una tabla de 69 fechas, en las cuales ocurren eclipses solares en un lapso de 33 años.
Es importante destacar hoy el respeto profundo de la civilización Maya hacia la vida y la naturaleza en general.
¿Quién puede predecir qué otras grandes conquistas científicas y qué desarrollo habrían logrado alcanzar esos pueblos, si no hubieran sido conquistados a sangre y fuego, objetos del etnocidio, que alcanzó casi 50 millones de personas en 50 años?
Este Premio Nobel lo interpreto primero como un homenaje a los pueblos indígenas sacrificados y desaparecidos por la aspiración de una vida más digna, justa, libre, de fraternidad y comprensión entre los humanos. Los que ya no están vivos para albergar la esperanza de un cambio de la situación de pobreza y marginación de los indígenas, relegados y desamparados en Guatemala y en todo el continente americano.
Reconforta esta creciente atención, aunque llegue 500 años más tarde, hacia el sufrimiento, la discriminación, la opresión y explotación que nuestros pueblos han sufrido, pero que gracias a su propia cosmovisión y concepción de la vida han logrado resistir y finalmente ver con perspectivas promisorias. Cómo, de aquellas raíces que se quisieron erradicar, germinan ahora con pujanza, esperanzas y representaciones para el futuro.
Implica también una manifestación del progresivo interés y comprensión internacional por los Derechos los Pueblos originarios, por el futuro de los más de 60 millones de indígenas que habitan nuestra América y su fragor de protesta por los 500 años de opresión que han soportado. Por el genocidio incomparable que han sufrido en toda esta época, del que otros países y las élites en America se han favorecido y aprovechado.
¡Libertad para los indios donde quieran que estén en América y en el mundo, porque mientras vivan vivirá un brillo de esperanza y un pensar original de la vida!
Las manifestaciones de júbilo de las Organizaciones Indígenas de todo el continente y las congratulaciones mundiales recibidas por el otorgamiento del Premio Nobel de la Paz, expresan claramente la trascendencia de esta decisión. Es el reconocimiento de una deuda de Europa para con los pueblos indígenas americanos; es un llamado a la conciencia de la Humanidad para que se erradiquen las condiciones de marginación que los condenó al coloniaje y a la explotación de los no indígenas; y es un clamor por la vida, la paz, la justicia, la igualdad y hermandad entre los seres humanos.
La particularidad de la visión de los pueblos indígenas se manifiesta en las formas de relacionarse. Primero, entre los seres humanos, de manera comunitaria. Segundo, con la tierra, como nuestra madre, porque nos da la vida y no es sólo una mercancía. Tercero, con la naturaleza; pues somos partes integrales de ella y no sus dueños.
La madre tierra es para nosotros, no solamente fuente de riqueza económica que nos da el maíz, que es nuestra vida, sino proporciona tantas cosas que ambicionan los privilegiados de hoy. La tierra es raíz y fuente de nuestra cultura. Ella contiene nuestra memoria, ella acoge a nuestros antepasados y requiere por lo tanto también que nosotros la honremos y le devolvamos con ternura y respeto los bienes que nos brinda. Hay que cuidar y guardar la madre tierra para que nuestros hijos y nuestros nietos sigan percibiendo sus beneficios. Si el mundo no aprende ahora a respetar la naturaleza ¿qué futuro tendrán las nuevas generaciones?
De estos rasgos fundamentales se derivan comportamientos, derechos y obligaciones en el continente americano, tanto para los indígenas como para los no indígenas, sean estos mestizos, negros, blancos o asiáticos. Toda la sociedad tiene la obligación de respetarse mutuamente, de aprender los unos de los otros y de compartir las conquistas materiales y científicas, según su propia conveniencia. Los indígenas jamás han tenido, ni tienen, el lugar que les corresponde en los avances y los beneficios de la ciencia y la tecnología, no obstante que han sido base importante de ellos.
Las civilizaciones indígenas y las civilizaciones europeas de haber tenido intercambios de manera pacífica y armoniosa, sin que mediara la destrucción, explotación, discriminación y miseria, seguramente habrían logrado una conjunción con mayores y más valiosas conquistas para la Humanidad.
No debemos olvidar que cuando los europeos llegaron a América, florecían civilizaciones pujantes. No se puede hablar de descubrimiento de América, porque se descubre lo que se ignora o se encuentra oculto. Pero América y sus civilizaciones nativas se habían descubierto a sí mismas mucho antes de la caída del Imperio Romano y del Medioevo europeo. Los alcances de sus culturas forman parte del patrimonio de la Humanidad y siguen asombrando a sus estudiosos.
Pienso que es necesario que los pueblos indígenas, de los que soy una de sus miembros, aporten su ciencia y sus conocimientos al desarrollo de los humanos, porque tenemos enormes potenciales para ello, intercalando nuestras herencias milenarias con los avances de la civilización en Europa y otras regiones del mundo.
Pero ese apoye, que nosotros entendemos como un rescate del patrimonio natural y cultural, debe de ser en tanto que actores de una planificación racional y consensúa! del usufructo de los conocimientos y recursos naturales, con garantías de igualdad ante el Estado y la sociedad.
Los indígenas estamos dispuestos a combinar tradición con modernidad, pero no a cualquier precio. No consentiremos que el futuro se nos plantee como posibles guardias de proyectos etnoturísticos a escala continental.
En un momento de resonancia mundial en torno a la conmemoración del V Centenario de la llegada de Cristóbal Colón a tierras americanas, el despertar de los pueblos indígenas oprimidos nos exige reafirmar ante el mundo nuestra existencia y la validez de nuestra identidad cultural. Nos exige que luchemos para participar activamente en la decisión de nuestro destino, en la construcción de nuestros estados-naciones. Si con ello no somos tomados en cuenta, hay factores que garantizan nuestro futuro: la lucha y la resistencia; las reservas de ánimo; la decisión de mantener nuestras tradiciones puestas a prueba por tantas dificultades, obstáculos y sufrimientos; la solidaridad para con nuestras luchas por parte de muchos países, gobiernos, organizaciones y ciudadanos del orbe.
Por eso sueño con el día en que la interrelación respetuosa justa entre los pueblos indígenas y otros pueblos se fortalezca, sumando potencialidades y capacidades que contribuyan a hacer la vida en este planeta menos desigual, más distributiva de los tesoros científicos y culturales acumulados por la Humanidad, floreciente de paz y justicia.
Creo que esto es posible en la práctica y no solamente en la teoría. Pienso que esto es posible en Guatemala y en muchos otros países que se encuentran sumidos en el atraso, el racismo, la discriminación y el subdesarrollo.
El día de hoy, en el 47 período de sesiones de la Asamblea General, la Organización de Naciones Unidas - ONU - inaugura 1993 como Año Internacional de los Pueblos Indios, en presencia de destacados dirigentes de las organizaciones de los pueblos indígenas y de la coordinación del Movimiento Continental de Resistencia Indígena, Negra y Popular, que participarán protocolariamente en la apertura de labores a fin de exigir que 1993 sea un año con acciones concretas para darle verdaderamente su lugar a los pueblos indígenas en sus contextos nacionales y en el concierto internacional.
La conquista del Año Internacional de los Pueblos Indígenas y los avances que representa la elaboración del proyecto de Declaración Universal son producto de la participación de numerosos hermanos indígenas, organizaciones no gubernamentales y la gestión exitosa de los expertos del Grupo de Trabajo así como la comprensión de varios estados en el seno de la Organización de las Naciones Unidas.
Esperamos que la formulación del proyecto de Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas examine y profundice en la contradicción existente entre los avances en materia de derecho internacional y la difícil realidad que en la práctica vivimos los indoamericanos.
Nuestros pueblos tendrán un año dedicado a los problemas que los aquejan y, para ello, se aprestan a llevar a cabo actividades con el objetivo de hacer planteamientos y presionar, mediante las más razonables formas y las argumentaciones más valederas y justas, para la eliminación del racismo, la opresión, la discriminación y la explotación que los ha sumido en la miseria y en el olvido. Para los condenados de la tierra también la adjudicación del Premio Nobel representa un reconocimiento, un aliciente y un objetivo.
Desearía que se desarrollara en todos los pueblos un consciente sentido de paz y el sentimiento de solidaridad humana, que puedan abrir nuevas relaciones de respeto e igualdad para el próximo milenio, que deberá ser de fraternidad y no de conflictos cruentos.
En todas partes se está conformando una opinión sobre un fenómeno de actualidad, que a pesar de que se expresa entre guerras y violencia, le plantea a la Humanidad entera la defensa de su validez histórica: la unidad en la diversidad. Y que nos llama a la reflexión para incorporar importantes elementos de cambio y transformación en todos los aspectos de la vida del mundo, en busca de soluciones específicas y concretas a la profunda crisis ética que aqueja a la Humanidad. Esto sin duda tendrá influencias determinantes en la conformación del futuro.
Es posible que algunos centros de poder político y económico, algunos estadistas e intelectuales, todavía no alcancen a comprender el despertar y la configuración promisoria que significa la participación activa de los pueblos indígenas en todos los terrenos de la actividad humana, pero el movimiento amplio y plural desencadenado por las diferentes expresiones políticas e intelectuales amerindias terminará por convencerlos que objetivamente somos parte constituyente de las alternativas históricas que se están gestando a nivel mundial.
Señoras y señores, unas francas palabras sobre mi país.
La atención que con este Premio Nobel de la Paz se centra en Guatemala deberá permitir que internacionalmente se deje de ignorar la violación a los derechos humanos y honrará a todos aquellos que murieron luchando por la igualdad social y la justicia en mi país.
El mundo conoce que el pueblo guatemalteco, mediante su lucha, logró conquistar en octubre de 1944 un periodo de democracia, en que la institucionalidad y los derechos humanos fueron su filosofía esencial. En esa época, Guatemala fue excepcional en el continente americano en su lucha por alcanzar la plena soberanía nacional. Pero en 1954, en una confabulación que unió a los tradicionales centros de poder nacionales, herederos del coloniaje, con poderosos intereses extranjeros, el régimen democrático fue derrocado a través de una invasión armada e impuso de nuevo el viejo sistema de opresión que ha caracterizado la historia de mi país.
La sujeción política, económica y social que se derivó de ese producto de la guerra fría dio origen al conflicto armado interno. La represión contra las organizaciones populares, los partidos democráticos, los intelectuales empezó en Guatemala mucho antes de que se iniciara la guerra. No lo olvidemos.
En el intento de sofocar la rebelión, las dictaduras cometieron las más grandes atrocidades. Se arrasaron aldeas, se asesinaron decenas de miles de campesinos, principalmente indígenas, centenas de sindicalistas y estudiantes, numerosos periodistas por dar a conocer la información, connotados intelectuales y políticos, religiosos y religiosas. Por medio de la persecución sistemática, en aras de la doctrina de seguridad del Estado, se forzó al desplazamiento de un millón de campesinos; a la búsqueda del refugio por parte de 100 mil más en países vecinos. Hay en Guatemala casi 100 mil huérfanos y más de 40 mil viudas. En Guatemala se inventó, como política de Estado, la práctica de los desaparecidos políticos.
Como ustedes saben, yo misma soy sobreviviente de una familia masacrada.
El país se desplomó en una crisis sin precedentes y los cambios en el mundo obligaron e incitaron a los militares a permitir una apertura política que consistió en la elaboración de una nueva Constitución, en una ampliación del juego político y el traspaso del gobierno a sectores civiles. Llevamos ocho años de este nuevo régimen, en el que los sectores populares y medios se han abierto espacios importantes.
No obstante en los espacios abiertos persiste la represión y la violación a los derechos humanos en medio de una crisis económica, que se ha agudizado a tal punto, que el 84% de la población es considerada como pobre y alrededor del 60% como muy pobre. La impunidad y el terror continúan impidiendo la libre manifestación del pueblo por sus necesidades y demandas vitales. Perdura el conflicto armado interno.
La vida política de mi país ha girado en este último tiempo en torno a la búsqueda de una solución política a la crisis global y al conflicto armado que vive Guatemala desde 1962. Este proceso tuvo su origen en el Acuerdo suscrito en esta misma capital, Oslo, entre la Comisión Nacional de Reconciliación con mandato gubernamental, y la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca, como un paso necesario para introducir a Guatemala en el espíritu del Acuerdo de Esquipulas.
Como consecuencia de este Acuerdo, después de la realización de conversaciones entre la URNG y diversos sectores de la sociedad guatemalteca, se iniciaron durante el régimen del Presidente Serrano negociaciones directas entre el gobierno y la guerrilla, resultado de las cuales han sido ya firmados tres acuerdos. Sin embargo, el tema de los Derechos Humanos ha ocupado bastante tiempo, porque constituye un tema eje de la problemática guatemalteca y alrededor del cual han surgido importantes diferencias. No obstante, se ha avanzado considerablemente también en el mismo.
El proceso de negociaciones busca acuerdos para establecer las bases de una democratización verdadera y la finalización de la guerra. Entiendo que con la buena voluntad de las partes y la participación activa de los sectores civiles, conformando una gran unidad nacional, se podrá rebasar la etapa de los propósitos y sacar a Guatemala de esa encrucijada histórica que ya nos parece eternizarse.
El diálogo y la negociación política son, sin duda, requisitos adecuados para que estos problemas se resuelvan y así ofrecer respuestas valederas y concretas a necesidades vitales y urgentes para la vida y democratización de nuestro pueblo guatemalteco. Pues, estoy convencida de que si los diversos sectores sociales que integran la sociedad guatemalteca encuentran bases de unidad, respetando sus diferencias naturales, podían hallar conjuntamente una solución a estos problemas y así resolver las causas que condujeron a la guerra que vive Guatemala.
Tanto los sectores civiles guatemaltecos como la comunidad internacional debemos exigir que las negociaciones entre el Gobierno y la URNG sobrepasen el periodo en que se encuentran en la discusión de los Derechos Humanos, y lleguen tan pronto como sea posible, a un acuerdo verificable por la Organización de las Naciones Unidas. Es necesario destacar aquí, en Oslo, que la situación de los Derechos Humanos en Guatemala constituye hoy por hoy el más urgente problema a resolver. Y mi afirmación no es ni casual ni gratuita.
Tal como lo han constatado instituciones internacionales como la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y otros numerosos organismos humanitarios, Guatemala es uno de los países de América donde se comete el mayor número de violaciones a esos derechos, con la mayor impunidad, y en lo que generalmente están comprometidas de una u otra forma las fuerzas de seguridad. Es imprescindible que la represión y persecución que sufren los sectores populares e indígenas cesen. Que se ponga fin al reclutamiento forzado de jóvenes y a la integración forzada de las Patrullas de Autodefensa Civil, que afecta principalmente a los indígenas.
Urge construir una democracia en Guatemala. Es necesario lograr que se observen los derechos humanos en toda su gama: poner fin al racismo; garantizar la libre organización y locomoción de todos los sectores de la población. En definitiva, es imprescindible abrir el campo a la sociedad civil multiétnica, con todos sus derechos, desmilitarizar el país y sentar las bases para su desarrollo, a fin de sacarlo del atraso y la miseria en que se vive actualmente.
Uno de los más amargos dramas que puedan soportar porcentajes cuantiosos de población es el éxodo forzado. El verse obligados por la fuerza militar y la persecución a abandonar sus poblados, su madre tierra, el sitio de reposo de sus antepasados, su ambiente, la naturaleza que les dio la vida y la diseminación de sus comunidades, que constituyen un coherente sistema de organización social y de democracia funcional.
El caso de los desplazados y refugiados en Guatemala es desgarrador, una parte de ellos condenada al exilio en otros países y la gran mayoría al exilio en su propio país. Forzados a deambular de un lugar para otro, a vivir en barrancos y lugares inhóspitos, algunos desconocidos como ciudadanos guatemaltecos y todos condenados a la miseria y al hambre. No puede haber una democracia verdadera si este problema no se resuelve satisfactoriamente, reintegrando a esta población a sus tierras y poblados.
En la nueva sociedad guatemalteca una reorganización de la tenencia de la tierra es fundamental, para que permita tanto el desarrollo de las potencialidades agrícolas como la restitución a sus legítimos dueños de tierras comunales despojadas. Sin olvidar que este proceso reorganizador debe hacerse con el mayor respeto por la naturaleza, para preservarla y devolverle su vigor y capacidad de generar vida.
No menos distintiva de una democracia es la justicia social. Ella exige la solución de los aterradores índices de mortalidad infantil, de desnutrición, de falta de educación, de analfabetismo, de salarios de exterminio. Estos problemas aquejan creciente y dolorosamente a la población guatemalteca, sin perspectivas ni esperanza.
Entre los rasgos que caracterizan a la sociedad actual está el papel de la mujer, sin que por ello la emancipación de la mujer haya sido conquistada plenamente en ningún país del mundo.
El desarrollo histórico de Guatemala refleja ahora la necesidad y la irreversibilidad de la contribución activa de la mujer en la configuración del nuevo orden social guatemalteco y, modestamente, pienso que las mujeres indígenas somos ya un claro testimonio de ello. Este Premio Nobel es un reconocimiento a quienes han sido, y todavía lo son en la mayor parte del mundo, las más explotadas de los explotados; las más discriminadas de los discriminados; las más marginadas de los marginados y, sin embargo, productoras de vida de conocimiento, de expresión y de riqueza.
La democracia, el desarrollo y la modernización de un país se hacen imposibles e incongruentes sin la solución de estos problemas.
Igualmente importante es el reconocimiento en Guatemala de la Identidad y los Derechos de los Pueblos Indígenas, que han sido ignorados y despreciados no sólo en el período colonial, sino en la era republicana. No se puede concebir una Guatemala democrática, libre y soberana, sin que la identidad indígena perfile su fisonomía en todos los aspectos de la existencia nacional.
Será indudablemente algo nuevo, inédito, con una fisonomía que en este momento no podemos formular. Pero responderá auténticamente a la Historia y a las características que debe comprender una verdadera nacionalidad guatemalteca. A su perfil verdadero, por tanto tiempo desfigurado.
Esta urgencia y esta vital necesidad, son las que me conducen en este momento, en esta tribuna, a plantear a la opinión nacional y a la comunidad internacional interesarse más activamente en Guatemala.
Tomando en consideración que en relación a mi papel como Premio Nobel en el proceso de negociaciones por la paz en Guatemala se han manejado un abanico de posibilidades, pienso que éste es más bien el de promotora de la paz, la unidad nacional, de la defensa de los derechos indígenas. De tal manera que pueda tomar iniciativas acordes a las que se vayan presentando, evitando de esta manera encasillar el Premio Nobel en un papel.
Convoco a todos los sectores sociales y étnicos que componen el pueblo de Guatemala a participar activamente en los esfuerzos por encontrar una solución pacífica al conflicto armado, forjando una sólida unidad entre los pueblos latino, negro e indígena, que deben de formar en su diversidad la guatemalidad.
Con ese mismo sentido, yo invito a la comunidad internacional a contribuir con acciones concretas a que las partes superen las diferencias que en este momento mantienen las negociaciones en una situación de expectativa, y así se logre, primero, firmar un acuerdo sobre Derechos Humanos. Para que luego se reanuden las rondas de negociación y se encuentren los puntos de compromiso que permitan que este acuerdo de Paz sea firmado y que la verificación del mismo se haga inmediatamente, pues no me cabe la menor duda de que ésto traería un alivio substancial a la situación existente en Guatemala.
Según mi opinión, también una participación más directa de las Naciones Unidas, que fuera más allá de un papel de observador, podría ayudar sustancialmente al proceso a salir del paso.
Señoras y señores, el hecho de que me haya referido preferencialmente a América, y en especial a mi país, no significa que no ocupe un lugar importante en mi mente y corazón la preocupación que viven otros pueblos del mundo en su incesante lucha por defender la paz, el derecho a la vida y todos sus derechos inalienables. La pluralidad de los que nos encontramos reunidos este día es un ejemplo de ello y en tal sentido les doy humildemente las gracias en nombre propio.
Muchas cosas han cambiado en estos años. Grandes transformaciones de carácter mundial han tenido lugar. Dejó de existir la confrontación Este-Oeste y se terminó la Guerra Fría. Estas transformaciones, cuyas modalidades definitivas no se pueden predecir, han dejado vacíos que pueblos del mundo han sabido aprovechar para emerger, luchar y ganar espacios nacionales y reconocimiento internacional.
En la actualidad, luchar por un mundo mejor, sin miseria, sin racismo, con paz en el Oriente Medio y el Sudoeste Asiático, a donde dirijo mi plegaria para la liberación de la señora Aung San Suu Kyi, Premio Nobel de la Paz 1991; por una solución justa y pacífica para los Balcanes; por el fin del apartheid en el Sur de Africa; por la estabilidad en Nicaragua; por el cumplimiento de los Acuerdos de Paz en El Salvador; por el restablecimiento de la democracia en Haití; por la plena soberanía de Panamá; por que todo ello constituye las más altas aspiraciones de justicia en la situación internacional.
Un mundo en paz que le dé coherencia, interrelación y concordancia a las estructuras económicas, sociales y culturales de las sociedades. Que tenga raíces profundas y una proyección robusta.
Tenemos en nuestra mente las demandas más sentidas de la Humanidad entera, cuando propugnamos por la convivencia pacífica y la preservación del medio ambiente.
La lucha que libramos acrisola y modela el porvenir.
Nuestra historia es una historia viva, que ha palpitado, resistido y sobrevivido siglos de sacrificios. Ahora resurge con vigor. Las semillas, durante tanto tiempo adormecidas, brotan hoy con certidumbre, no obstante que germinan en un mundo que se caracteriza actualmente por el desconcierto y la imprecisión.
Sin duda que será un proceso complejo y prolongado, pero no es una utopía y nosotros los indígenas tenemos ahora confianza en su realización. Sobre todo, si quienes añoramos la paz y nos esforzamos porque se respeten los derechos humanos en todas partes del mundo donde se violan, y nos oponemos al racismo, encaminamos nuestro empeño en la práctica con entrega y vehemencia.
El Pueblo de Guatemala se moviliza y está consciente de sus fuerzas para construir un futuro digno. Se prepara para sembrar el futuro, para liberarse de sus atavismos, para redescubrirse a sí mismo. Para construir un país con una auténtica identidad nacional. Para comenzar a vivir.
Combinando lodos los matices ladinos, garítunas e indígenas del mosaico étnico de Guatemala debemos entrelazar cantidad de colores, sin entrar en contradicción, sin que sean grotescos y antagónicos, dándoles brillo y una calidad superior, como saben tejer nuestros artesanos. Un güipil genialmente integrado, una ofrenda a la Humanidad.
Muchas gracias.
RIGOBERTA MENCHÚ TUM

RICHARD NIXON “Decir sólo que si alguno de mis juicios fue malo, y alguno fue malo, fueron hechos en lo que creí que era lo mejor para los intereses de la Nación”

RICHARD NIXON

“Decir sólo que si alguno de mis juicios fue malo, y alguno fue malo, fueron hechos en lo que creí que era lo mejor para los intereses de la Nación”



DISCURSO DE RENUNCIA A LA PRESIDENCIA DE EE.UU. POR EL ESCÁNDALO WATERGATE (EXTRACTO) 8 de Agosto de 1974

Buenas noches.
Esta es la 37º vez que les hablo desde este despacho, donde se han tomado tantas decisiones que han moldeado la historia de esta nación. En todas las decisiones que he tomado a lo largo de mi vida pública he tratado siempre de hacer lo que he creído mejor para nuestra nación.
A través del largo y dificultoso periodo del Watergate, he creído mi deber el perseverar, hacer todos los esfuerzos posibles para completar mi mandato por el cual me han elegido. En los pasados días, ahora bien, se ha hecho evidente que no tengo el suficiente peso político en el Congreso que justifique dicho esfuerzo.
Yo nunca he sido una persona que se rinda fácilmente.
Dejar el gobierno antes de que mi mandato termine es algo que aborrezco profundamente desde lo más hondo de mi alma. Pero como Presidente, debo poner los intereses de América en primer lugar.
América necesita un Presidente que cumpla íntegramente su periodo en el cargo, tanto en la presidencia como en el Congreso, particularmente en un tiempo como el presente en el cual los problemas a los que nos enfrentamos están no solo en casa sino también en el extranjero.
Continuar mi lucha para lograr mi vindicación, absorbería totalmente todo mi tiempo y mi atención, en un periodo en el cual nuestra total atención debería estar puesta en los grandes asuntos de paz en el extranjero y la prosperidad en casa.
Por consiguiente, debo dimitir de la Presidencia, para lo cual haré efectiva mi renuncia el mediodía de mañana.
El Vice Presidente Ford jurará el cargo de Presidente en ese momento desde este despacho.
Cuando recuerdo las altas esperanzas para América con las cuales empezamos este segundo mandato, siento una profunda tristeza por no estar a partir de ahora trabajando para alcanzar las en los próximos dos años y medio. Pero al otorgarle la dirección del Gobierno al Vice Presidente Ford, sé que el liderazgo de América estará en buenas manos.
Al pasar el cargo de esta oficina al Vice Presidente, lo hago con el profundo convencimiento del peso de la responsabilidad que cargará sobre sus hombros mañana, y por lo tanto, de la comprensión, la paciencia y la cooperación que necesitará de todos los Americanos. Cuando asuma esa responsabilidad, merecerá la ayuda y apoyo de todos nosotros.
Cuando miramos al futuro, la primera prioridad esencial es curar las heridas de esta nación, dejar atrás las amarguras y divisiones del pasado y redescubrir los ideales que descansan en el corazón de la fuerza y unidad de nuestra libre y gran nación.
Al tomar esta acción, tengo la esperanza de que esto acelerará el comienzo de este proceso de curación, el cual es tan desesperadamente necesario en América. Me arrepiento profundamente de cualquier daño que pudiera haber sido hecho en el curso de los acontecimientos que han llevado a tomar esta decisión. Decir sólo que si alguno de mis juicios fue malo, y alguno fue malo, fueron hechos en lo que creí que era lo mejor para los intereses de la Nación.
Cuando tomé juramento, hace cinco años y medio, me comprometí sagradamente a consagrar todas mis energías y mi sabiduría a la causa de la paz entre las Naciones. He hecho todos mis esfuerzos todos los días desde ese juramento para conseguirlo. Como resultado de esos esfuerzos, estoy convencido de que el mundo es un lugar más seguro hoy no sólo para la gente de América sino para la gente de todas las naciones, y que todos nuestros hijos tendrán ahora mejores oportunidades de vivir una vida en paz.
Esto mismo, más que ninguna cosa, es lo que esperaba conseguir cuando juré la Presidencia.
Esto mismo, más que ninguna cosa, es lo que creo que será mi legado a todos vosotros, a nuestro país, ahora que dejo la Presidencia.
Servir en esta oficina es haber tenido un profundo sentimiento de patriotismo con todos y cada uno de los Americanos.
Dejo el cargo con esta oración: "La gracia de Dios sea con vosotros en todos los días por venir"
RICHARD NIXON

lunes, 7 de septiembre de 2015

RICARDO BALBIN “¡el radicalismo debe al país una revolución social, la realización total de su programa, que lo realizará pese a los procesos por desacato!”

RICARDO BALBIN 
“¡el radicalismo debe al país una revolución social, la realización total de su programa, que lo realizará pese a los procesos por desacato!”


Discurso en la Sesión de su desafuero como Diputado 29 de Septiembre de 1949

DIARIO DE SESIONES HCD - T° VI - Págs. 4290 a 4294 

EN LA SESIÓN DE LA HONORABLE CÁMARA DE DIPUTADOS DE LA NACIÓN ARGENTINA, OFICIABA DE PRESIDENTE DE LA CÁMARA, HÉCTOR J. CÁMPORA. EN LA MISMA SE VOTÓ EL DESAFUERO DEL PRESIDENTE DE LA BANCADA RADICAL, EL DR. RICARDO BALBÍN, QUIEN PRONUNCIÓ ESTE DISCURSO EN SU DEFENSA:

SR. BALBÍN. – Señor Presidente: yo no alcanzo a comprender esta incidencia parlamentaria. El señor diputado Astorgano pidió el cierre del debate para luego retirar su moción, cuando a la Presidencia le consta que había solicitado la palabra el señor diputado Frondizi, a quien correspondería haber de acuerdo con la lista de oradores. Quisiera que esta situación quedara aclarada, porque debe comprenderse que salgo disminuido en la emergencia y que no puedo aprovechar una circunstancia como ésta para hacer uso de la palabra si la Cámara no resuelve que tiene dispuesto cerrar el debate y que solamente lo reabre a los efectos de escuchar mi palabra.
SR. VISCA. - Ese es el criterio del bloque peronista.
SR. PRESIDENTE (CÁMPORA). – La Presidencia va a aclarar la situación planteada.
Cuando iba a poner a consideración de la Cámara la moción de orden formulada, el señor diputado y sus compañeros de sector, con fuertes gritos, exclamaron que no podía ser que no hablara el señor diputado Balbín. Ante esos requerimientos el señor diputado por la Capital ha retirado su moción, y la Presidencia entiende que lo ha hecho como una atención hacía el señor diputado por Buenos Aires.
Continúa en el uso de la palabra el señor diputado por Buenos Aires.
SR. BALBÍN. – De cualquier modo, señor presidente, es necesario que nosotros aceptemos esta situación. No obstante la dejamos señalada porque importa una violación de las prácticas parlamentarias.
Frente a este debate, señor presidente, estoy en una situación especial.
Aclaro a la Cámara que he llegado sin apuntes y sin discursos preparados, por entender que se debe ser natural en la exposición cuando se enfocan cuestiones tan graves como ésta, donde los hombres tienen que decir lo que sienten y lo que piensan, y no lo que han pensado en otras épocas.
Soy el responsable de esta situación parlamentaria y tal vez lo sea porque soy enemigo de las ficciones. Casi podría decir que, en este trance, todo me parece una ficción. Una Cámara que se moviliza formalmente al solo efecto de llenar disposiciones reglamentarias y cumplir así una determinación que ya tiene tomada, me parece una ficción innecesaria e inútil. Precisamente eso es lo que me ha hecho pensar muchas veces que este estado de ficción en tantas emergencias de la Cámara está configurando una verdad: que el Parlamento de la República es una ficción.(¡Muy bien! ¡Muy bien!)Se va a tratar de suspenderme en el ejercicio de mis funciones, en virtud de un proceso por desacato, motivado por un discurso que pronunciara en una asamblea de mi partido.
Ha dicho bien el señor diputado Vítolo cuando afirmó que no soy capaz de rectificaciones. No porque considere que la defensa no es un derecho, sino porque en estos trances los hombres públicos no defienden sus derechos, sino que tienen que prestigiar a los hombres que los escuchan y que los quieren. ¡Cómo puedo decir ante muchos, lo que sea capaz de negar después ante un juzgado!. (¡Muy bien! ¡Muy bien!)
Mis afirmaciones son claras y limpias, decididas y categóricas. Son mi lucha, mi modo de vivir; mi contribución modesta a la República. Yo no tengo la culpa de mi lenguaje: a mí me lo enseñó la adversidad. (¡Muy bien!)No alcanzo a comprender cómo los hombres pueden juzgar situaciones según la medida del término que se use. A mí no me ofende el término; me ofende la intención. Repito que no alcanzo a comprender cómo la civilización tiene que llegar a tanto como para que en nombre de las sutilezas del lenguaje se pueda ofender sin ofender; se pueda desacatar sin estar en desacato.
Yo prefiero lo otro: el lenguaje popular y llano, para que el pueblo entienda con rudeza las cosas rudas de la Nación. Cuando el Estado se desenvuelve normalmente dentro de una concepción democrática, creo que todos los hombres que actuamos en política tenemos que superamos para superar al pueblo. Si hemos alcanzado una cultura, debemos tratar de volcarla para educar al pueblo. Si hemos alcanzado una experiencia, mostrar nuestra experiencia, para que le sirva a quienes no tengan tiempo para experimentar. Pero tiene que abandonarse un poco ese léxico docente cuando la vida de un hombre se ha desarrollado en las luchas por las cosas del país y se ha desenvuelto en el ambiente en que yo he vivido mi vocación civica.
Aprendí a hablar este lenguaje desde 1930 en adelante. Lo utilicé contra la dictadura de Uriburu y lo fui usando durante el largo fraude que imperó en mi Provincia, donde a veces dejamos de hablar para romper urnas, obligados a dignificar la conciencia ciudadana. Eran épocas de intimidación popular. Había un ambiente de intimación, y los pueblos no se sacan del estado de intimidación con versos, sino mostrando el coraje civil de los que son capaces de jugarse por el pueblo.
Así viví mis años de lucha ciudadana desde 1930 hasta hoy. Y ahora me encuentro frente a esta ficción que me entristece. Algunos de los que han de votar esta tarde me aplaudían cuando usaba este lenguaje contra Uriburu. Muchos de los que han de votar esta tarde eran mis amigos en la lucha contra el fraude. ¿Qué culpa tengo yo si sigo creyendo lo de antes y ellos han cambiado, lealmente, sus convicciones? Pero no se puede diferenciar el concepto para modelar nuevas voluntades. Yo no he cambiado. Soy el mismo. ¡Y seré el mismo! Porque este es ya un deber que se adquiere a cierta edad en la vida civica, no para usufructuar cosas, sino para dignificar pueblos.
He de resultar torpe en la expresión de mis ideas esta tarde porque yo nunca viví un minuto defendiéndome. Siempre puse todo lo mío al servicio de las cosas de la colectividad, de honrada manera, como yo pensaba. (¡Muy bien! ¡Muy bien!. Aplausos)Tal vez no resulte eficaz en mi defensa: pero están equivocados todos los señores diputados. ¡Mi defensa! Digo aquí una palabra más, que es el anuncio de mis determinaciones, que es el anuncio de la razón de mi actividad, que será la que demuestra en cierta parte el justificativo de mi conducta.
No se mueve la Cámara por propia voluntad. No es cierto. No se mueve el juzgado por propia voluntad. No es cierto. No tiene coraje judicial el juez que ha mandado esa nota. (¡Muy bien! ¡Muy bien!) Es de los que anduvieron en los pasillos del Congreso este último tiempo, mendigando la ratificación del nombramiento como una definición de que la justicia se condicionaba al color político de quienes lo designaban. (¡Muy bien!)¡Cómo he de pensar que se mueven con sentido judicial! Son aparcerías: pequeñas disminuciones: desjerarquizaciones de la función judicial.
Tampoco creo que sea la voluntad soberana de la Cámara la que se mueve ahora. Yo sé, me consta, qué directores políticos actuales se han movido detrás de este proceso buscando ventajas o aparcerías: que es la voluntad de sectores peronistas la que resuelve el problema de esta tarde.
No es la voluntad de la Cámara. Lo saben bien los señores diputados.
Aquí se responde a una consigna: se cumple una consigna y me parece bien.
No lo reprocho. Reprocho el sistema.
Hablamos de la revolución del 4 de junio. Se enorgullecen todos los oficialistas del 17 de octubre. Todos los días en esta Cámara se habla del proceso revolucionario en marcha, de las realizaciones revolucionarias, de los hombres fuertes de la revolución, del líder fuerte en la conducción del gobierno y del partido. Y en la exhibición que se hace públicamente uno no sabe si cuando se alude se está aludiendo al primer magistrado o al jefe del partido oficial. Es un raro complejo al que el país no estaba acostumbrado todavía.
No porque algunos presidentes no hayan sido electoralistas, sino porque este presidente se ha declarado jefe único de su propio partido. Y entonces habrán de comprender los señores diputados que muchas veces, al aludir y al hacer la crítica, uno no sabe si se está refiriendo al presidente con divisa partidaria o al jefe del partido con la banda presidencial de la Republica. (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos)Entonces aparecen estas confusiones. Entonces se equivocan los conceptos. Si yo dijera que todo esto lo ha referido al jefe del Partido Peronista, preguntaría si jurídicamente es desacato referirse al jefe de un partido; pero es una posición de ventaja la que tiene el presidente, porque para ofender adopta la posición de líder y para procesar la posición de presidente. (¡Muy bien! ¡Muy bien!). ¿Y cómo se puede conducir a su respecto un hombre de la oposición, como nosotros? Si es un hombre fuerte, si es un revolucionario fuerte, yo le hago el honor de creer que le gustaría una oposición fuerte y no una oposición debilitada y amansada.
Demasiadas ventajas tiene el peronismo. Son excesivas las ventajas.
El Presidente o el jefe del partido -no sé cuándo habla de una o de otra manera, porque se confunde en los discursos-, ¿cómo quiere que respondamos nosotros cuando dice que somos antipatrias? No sé cómo tenemos que utilizar nuestro lenguaje para contestarle cuando dice que somos traidores al país. ¿Qué lenguaje hemos de usar para decirle al pueblo que no somos antiargentinos dentro de la República? ¿Cómo tengo que conducirme en mi oposición frente a un Presidente que confunde bandera y divisas, se comporta como él quiere y agravia en las condiciones que se le antojan? Es difícil la conducción y la réplica. Y entonces tenemos que tomarlo en conjunto, en su total personalidad. Al tomarlo como jefe de partido, como jefe de gobierno, no pedimos ventajas ni exigimos definiciones previas. (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos)Jefe fuerte con oficialidad fuerte. Así concebía yo una revolución, y se me antojaba que en mi permanente andar, en mi prédica leal y honrada dentro del país, había de encontrarme con ustedes replicando en la tribuna, diciendo cada uno su verdad, llegando aún al incidente porque a veces así se busca una gran definición, argentina. Y he encontrado silencio de muerte en todo el país y sólo un brillar de votos opacos en esta Cámara para expulsar a la gente que lucha en la República. (¡Muy bien! ¡Muy bien!)
Es mejor lo otro, señores diputados; la igualdad del tratamiento. Es más argentino, está más cerca de nosotros; responde mejor a nuestra personalidad, a nuestra tradición y a la de nuestros héroes. Nunca creí que llegaríamos a este episodio de tristeza argentina en que pretendiendo que se llegó al agravio, imputando a un diputado que ha utilizado un término y no otro, se tomara esta exagerada ventaja.
Tiene razón el señor diputado por Buenos Aires. No disminuye al partido ni a sus hombres.
No engrandece al que echa, porque esto de ser echado de estas bancas es privilegio concedido por una tómbola de orgullo que nosotros tenemos para siempre y que pudo haber tocado a cualquiera, ya que todos somos iguales.
Tiene otro significado. Lo he dicho en las tribunas de mi partido. Se llama proceso de intimidación. Ya lo dije una vez en la Cámara. Lo seguiré repitiendo.
Se acabaron las probabilidades de los grandes slogans para conductores de muchedumbres. Ahora no se puede engañar mas al país, porque son muy juzgadas las realidades de la República; por ello este proceso de intimidación es necesario.
Señores diputados: óiganlo bien. Echan a un hombre a la calle para vivir ustedes en libertad sin darse cuenta de que yo seguiré siendo libre, mientras todos ustedes quedan presos e incapacitados para reaccionar. (¡Muy bien! Aplausos)Quién sabe si en lo recóndito de sus almas no están trabajados por la preocupación de que quien faltaba hoy podría correr mañana la suerte de este diputado radical. (¡Muy bien!) Es el país, señor presidente, el que va entrando en un proceso de confusión. Somos todos nosotros quienes nos vamos embarullando un poco en las realizaciones argentinas. Todos somos responsables de algo en este proceso. Tal vez éste sea un proceso de esclarecimiento argentino que necesariamente deba hacerse a través de la confusión.
Si ésta fuera una revolución auténticamente argentina, triunfante y orgullosa, abriría las puertas a la prédica, a la difusión de ideas, al entrechocar de pasiones, al decir y al dejar decir; para que el pueblo, en definitiva, fuera quien resolviera si están bien o mal en la conducción quienes conducen. Pero de esta manera, de un modo u otro, se llega al plebiscito unilateral, a la intimidación, para que la conciencia argentina, en vísperas electorales, no sea considerada como la de una ciudadanía sino como la de un rebaño. (¡Muy bien!)Nosotros no lo queremos. Hasta el último instante de nuestra lucha estaremos en esta situación, porque no queremos agraviar a nadie. ¡Lo único que queremos evitar es que este gobierno revolucionario se encuentre desacatado contra la República! Se lo está cuando arbitrariamente se buscan medios extraordinarios que no se necesitan para la conducción de un buen gobierno; se está en la contrarrevolución cuando se intimida, se persigue, se controla y se espía.
Yo no hago alusión al diputado que me denunció. ¡Creo que él ya tiene un antecedente que lo salvará del anonimato! Es la otra persecución la que desalienta, la que está en todas partes, la que se desarrolla sin saber quien la dirige, la que está en todos los sectores, hasta en el de ustedes, porque éste es el final de todo un proceso. ¡Ustedes mismos serán custodiados, examinados, en sus actividades, en el secreto de sus pensamientos, porque llegará un instante en que se exigirá la solidaridad para todo, hasta para el crimen, si éste fuera necesario para mantener una revolución que se ha transformado en una contrarrevolución argentina! (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos)Yo, señor presidente, hace tres años que estoy en este tipo de lucha, pero vengo desde lejos. No he aprendido todo lo que puede hacer un oficialismo desbordado, pero estoy resuelto a sufrirlo todo para que no lo tengan que sufrir las generaciones futuras. Nosotros estamos trabajando para el porvenir y hemos renunciado a nuestra comodidad personal. ¡Nosotros tenemos sentido de futuro, no barriga de presente!. (¡Muy bien! Aplausos)Por eso somos esto; por eso somos este renacer de la esperanza argentina.
Antes nosotros éramos pocos y ustedes muchos. ¡Sería conveniente que se entretuvieran en averiguar por qué ahora nosotros vamos siendo más, y ustedes menos!
No pienso que se busca la eliminación de un hombre para marchitar este renacer argentino. Sería hacerle poco favor a la recuperación moral del país, que viene sola, espontánea y vibrante porque ese es el destino de la nacionalidad. Hablamos frente a las multitudes, y si nos aplauden no es porque encuentren en nuestras expresiones una verdad desconocida, sino porque quien habla en alta voz está interpretando el pensamiento de los que no tienen necesidad u ocasión de decirlo directamente.
Nosotros no estamos acertando con el alma de la ciudadanía argentina; sólo estamos diciendo, en alta voz, lo que ya está pensando la ciudadanía de la República. (¡Muy bien!)La Cámara resuelve mi propia determinación. ¡Está equivocado el señor juez si piensa que yo habré de ir ante él a prestar declaración indagatoria o a ofrecer pruebas! ¡Cómo habría de hacerlo, señores diputados, si la Cámara de Diputados de la Nación condena sin pruebas! Si el Parlamento de la República es insensible, ¿cómo le daré posibilidades a un juez, para que disminuya a la Cámara? ¡El proceso está terminado, definitivamente concluido!. La Cámara suspende a un diputado por esas constancias leídas.¡Yo no le voy a hacer el agravio de colocar al juez en condiciones de decir cosas distintas!
La Cámara no ha preguntado al inculpado cuáles fueron los términos de su discurso. Yo creo que eso significa tanto como notificarme que es inútil que se lo diga al juez. ¡Tampoco se lo diría, por el respeto que tengo por el Congreso de la Nación Argentina!. (¡Muy bien!)Yo iré, como lo he prometido, sólo a decirle al juez: “Aquí me tiene; no declaro, ni pruebo, condene, porque ya me condenó la Cámara de Diputados de la Nación”.
¡Cómo voy a hacer responsable a un empleado judicial! Este es el destino del proceso, y así tiene que terminar.
Cuando el señor diputado por la mayoría fundamentaba el pedido de mi suspensión, yo lo consideraba como la acusación del fiscal que habrá de venir a ese sumario. ¡Quiera el destino que a aquél no le tiemble la mano y diga cosas idénticas!
Hay hombres en la vida pública que no pueden entrar en triquiñuelas judiciales. ¡Yo no puedo ir a decirle a ese juez que tengo testigos para decir que esa policía miente! ¡Cómo no ha de mentir si está pagada por quienes me acusan!(¡Muy bien!) Yo no voy a buscar ciudadanos dignos para ir a custodiar mi dignidad, porque la de ellos es la mía. Si yo soy expulsado de la Cámara de Diputados de la Nación el agravio es para ellos, y después para mí; pero esto último no tiene importancia.
Dentro de pocos días el juez que pidió el desafuero tendrá que dictar la condena, y no podrá zafarse con interpretaciones. Porque si este cuerpo ha considerado que hay razón, yo tengo que darle las posibilidades humanas a ese funcionario para no torturarle el alma. ¡Que tenga por lo menos la ventaja de respaldarse en este pronunciamiento para seguir manteniendo el cargo!
Es muy difícil, señor presidente, apreciar el juego y las consecuencias de estas cosas. Era lógico suponer que yo habría de llevar, a la vieja manera, mi versión taquigráfica modificada; que yo habría de llevar mi auténtica versión taquigráfica, con lo cual probaría que para mí no hay desacato. Si la Cámara tiene la deferencia de aceptarla, solicitaría que se incorporara al Diario de Sesiones. Y le anticipo que si ella entiende que decir dictadura es desacato, esa expresión aquí está repetida varias veces. Si la Cámara considera que hablar de revolución es desacato, yo no sé cuantas veces se han desacatado los señores diputados hablando de la “revolución en marcha”. ¡Es inexacto, totalmente inexacto, que yo haya hablado hasta ahora de hacer revoluciones! ¡Como voy a comprometer a destiempos a las jóvenes generaciones radicales, que tienen mucho que darle al país todavía, y cómo voy a pedirle el sacrificio de su sangre, si todavía tengo la mía sin gastarla!. Yo hablé de otras cosas, señor presidente; yo hablé de la revolución radical, sin armas, en el orden de las ideas. Lo que para nosotros es la gran revolución radical, que no se ha consumado en el país –no por culpa nuestra-. Está dicho aquí: por culpa de la coalición de oligarquías que le conocían el pulso al radicalismo y le salieron al encuentro, protegidas por la traición de los sectores militares antidemocráticos.
Desde 1930 el radicalismo está detenido en el tiempo. Lo saben muchos de los señores diputados, a quienes yo he visto luchar a mi lado durante trece años. Ellos pueden criticar al radicalismo de hoy en adelante, pero no es justo ni razonable decir que él estuvo con las oligarquías, con la prepotencia y el capitalismo, cuando saben que toda la generación del 30 viene bregando por encontrar la posibilidad de realizar la gran revolución demorada del radicalismo.
Como no somos egoístas, y como tenemos rotos los relojes y los almanaques, yo he dicho esto que repetiré en todas partes: ¡el radicalismo debe al país una revolución social, la realización total de su programa, que lo realizará pese a los procesos por desacato! ¡El deberá ser cumplido, porque es un designio argentino!. Yo comprendo que muchos de ustedes tuvieron nuestras mismas inquietudes y afanes, y que en un determinado momento creyeron que ese era el camino para realizar la revolución demorada del radicalismo. Nosotros sabíamos que no, y que nos quedamos. Muchos de ustedes se fueron creyendo que allí estaba la gran estabilidad. Ya tres años de realización revolucionaria yo pregunto si la legislación actual que dicta este Parlamento, si el régimen de prohibición que existe en el país, y la traba a la difusión de ideas, si el control de la radio, si el monopolio de producción, si el régimen legal y económico del país puede ser la revolución del radicalismo. Sin embargo, siguen caminando por la senda del error, perdiendo esfuerzos y gastando tiempo.
Todos los triunfadores, señor presidente, tienen la creencia de su perpetuidad; todos los triunfadores creen que vivirán su vida entera en el triunfo. Cuando una minoría les dice que están equivocados y que algún día los vencerán, se ríen, como se ríen todos ustedes ahora. ¡Así se reía otro oficialismo de mi provincia que nos gobernó durante 13 años con el fraude cuando pensaba que aquello era para toda la vida! Ahora, en esta época y en este tiempo, con idéntico optimismo, ustedes ven la posibilidad de sobrevivir: Pero nosotros, que tenemos la vieja experiencia de nuestros sacrificios, sabemos que esto termina, y como no trabajamos para nosotros, sabemos que nuestros hijos llegarán a tiempo.
Estas son las cosas que de una u otra manera decimos en las calles: éstas son las cosas que de una u otra manera seguiremos diciendo en todas las tribunas. Si el señor Presidente quiere una oposición débil tengo que llegar a reconocer que no es tan fuerte como parecía, o que, por lo menos, no siente la argentinidad como yo la siento; no tiene el coraje civil que nosotros desparramamos por todas partes. (¡Muy bien! ¡Muy bien!) Son dos concepciones distintas. Por eso usamos dos lenguajes diferentes y somos dos posibilidades diferentes.
Yo pregunto: si a un ministro se le pudiera hacer proceso por desacato, ¿hubiera procesado este oficialismo al Ministro de Educación cuando dijo todas esas monstruosidades de la oposición, no con lenguaje de maestro, sino con un idioma de analfabeto?
Quiere decir que tienen y quieren una ventaja extraordinaria. ¿Nos puede agraviar el Presidente en su doble condición; también puede aludirnos su esposa en su doble condición: de esposa y de dueña de Trabajo y Previsión mediante la ayuda social; puede injuriarme el señor Teisaire, senador y jefe del Partido Peronista.
Si a mí me expulsan de la Cámara por definir ideas, no sé qué debiera hacerse con el presidente del partido peronista si fuera diputado de la oposición al amenazar de hecho a toda la ciudadanía libre de la República. (¡Muy bien! ¡Muy bien!)¿No ve, señor presidente, que son difíciles las cosas y las situaciones?
Yo sé que pierdo el tiempo en cuanto signifique pretender variar este espectáculo y la decisión que ha de tomar la Cámara. Pero estoy ganando tiempo porque tenemos resuelto no perder un minuto para decir estas cosas argentinas. Aquí, en la calle o en la cárcel. A veces es necesario que en un país entren algunos dignos y libres a la cárcel para conocer dónde irán después los delincuentes de la República. (¡Muy bien! ¡Muy bien! Aplausos)Yo sé, señor presidente, que todo esto suena ridículo para algunos; quiero creer que mueve a preocupación a otros. Ridiculez para todos los resentidos sociales, para los que van a ir con alegría de mueca a verme entrar y a quienes yo encontraré allí mismo cuando tenga que salir. Alegría de resentidos que es tristeza contenida, y por eso es mueca. Preocupación para otros, austera preocupación para los que meditan y comprenden.
No busco la posibilidad de que ellos vengan; nosotros queremos que venga el pueblo. Lo único que deseo es que puedan modificar el criterio del gobierno para salvar a tiempo los prestigios del país, maltrechos por esa revolución que era su orgullo.
No me detendré, señor presidente, en la puerta de mi casa a ver pasar el cadáver de nadie; pero tenga la seguridad señor presidente, que estaré sentado en la vereda de mi casa viendo pasar los funerales de la dictadura para bien del país (¡Muy bien! ¡Muy bien!), y para honor de la República y de América. (¡Muy bien! ¡Muy bien!) Si con irme de aquí pago precio como cualquier otro de los luchadores de mi partido; si este es el precio por el honor de haber presidido este bloque magnífico, que es una reserva moral del país, han cobrado barato; fusilándome, todavía estaríamos a mano.
Nada más. (¡Muy bien! ¡Muy bien!, prolongados aplausos. Varios señores diputados rodean y felicitan al orador)


RAÚL ALFONSÍN “La casa está en orden y no hay sangre en la Argentina”

RAÚL ALFONSÍN “La casa está en orden y no hay sangre en la Argentina”




DISCURSO EN PLAZO DE MAYO CON MOITVO DEL ALZAMIENTO CARAPINTADA DE SEMANA SANTA 19 de Abril de 1987

Compatriotas…
Y le pido a los pueblos del mundo que por encima de estos lamentables episodios comprendan perfectamente bien hasta que punto esta galvanizada en el corazón y el sentimiento de los argentinos un estilo de vida democrático.
Estamos demostrando los argentinos con esta presencia y con la presencia en todas las plazas de la Repúblicacosas importantes y que lo sepan en el mundo, en primer lugar estamos demostrando acabadamente la definitiva decisión de viviren democracia.
En segundo lugar,… en segundo lugar, estamos demostrando la fuerza de la movilización pacífica de la ciudadanía, que es más fuerte que la violencia.
Y, en tercer lugar,… en tercer lugar, cuando el pueblo se nucleaba a los costados del camino, por donde avanzaban las tropas de las fuerzas armadas, leales, con aplausos y con abrazos, también demostramos que no estamos contra los militares, cuando los militares quieren cumplir con su deber.
Ustedes y yo,… ustedes y yo, todos en la Argentina, saben lo que estamos arriesgando. Es mucho más que un absurdo golpe de estado, estamos arriesgando un futuro nuestro y un futuro de nuestros hijos, estamos arriesgando sangre derramada entre hermandos. Es por eso que antes de proceder, he resuelto, he tomado una decisión. Dentro de unos minutos saldré personalmente a Campo de Mayo a intimar la rendición de los sediciosos.
Yo les pido a todos,… les pido a todos que me esperen acá. Les pido que me esperan acá, y si Dios quiere y nos acampaña a todos los argentinos, dentro de un rato vendré con las soluciones. Dentro de un rato vendre con la noticia de que cada uno de nosotros podemos volver a nuestros hogares para darles un beso a nuestros hijos y en ese beso decirles que le estamos asegurando la libertad para los tiempos.
[…]
-un par de horas más tarde-
[…]
Compatriotas,… compatriotas… compatriotas… compatriotas. ¡Felices Pascuas!... Los hombres amotinados han depuesto su actitud. Como corresponde serán detenidos y sometidos a la justicia… Se trata de un conjunto de hombres, un conjunto de hombres, algunos de ellos héroes de la guerra de las Malvinas, que tomaron esta posición equivocada y que han reiterado que su intención no era de provocar un golpe de Estado. Pero de todas formas, han llevado al país a esta conmoción, a esta tensión, y han provocado estas circunstancias que todos hemos vivido de la que ha sido protagonista fundamental el pueblo argentino en su conjunto.
Para evitar cerramientos de sangre, dí intrucciones a los mandos del ejército para que no se procediera a la represión y hoy podemos todos dar gracias a Dios: La casa está en orden y no hay sangre en la Argentina.
Le pido al pueblo que ha ingresado a Campo de Mayo que se retire, es necesario que así se lo haga. Y le pido a todos ustedes, vuelta a sus casas, a besar a sus hijos, a celebrar las Pascuas en paz de la Argentina.
RAÚL RICARDO ALFONSÍN

domingo, 6 de septiembre de 2015

RAY NAGIN : "Estamos hartos de la violencia. Estamos hartos de gente negra, matándose unos a otros. Y cuando vengamos juntos por una segunda oportunidad, no vamos a tolerar ningún tipo de violencia. "Martin Luther King lo hubiera querido así, y debemos hacerlo”

RAY NAGIN
"Estamos hartos de la violencia. Estamos hartos de gente negra, matándose unos a otros. Y cuando vengamos juntos por una segunda oportunidad, no vamos a tolerar ningún tipo de violencia. "Martin Luther King lo hubiera querido así, y debemos hacerlo”




DISCURSO EN LA CONMEMORACION DEL DÍA DEL DR. MARTIN LUTHER KING Jr., MESES DESPUES DEL HURACAN KATRINA 16 de Enero de 2006

Los saludo a todos esta mañana en el espíritu de la paz.
Los saludo esta mañana en el espíritu del amor, y lo más importante, los saludo en el espíritu de unidad, porque si estamos unidos, no hay nada que no se pueda hacer.
Ahora, como se supone, debo esta mañana hacer algunos comentarios y hablar sobre el gran Dr. Martín Luther King Jr.
Saben, cuando me desperté temprano, estuve reflexionando sobre lo que yo podría decir que fuera significativo para esta gran ocasión. Y entonces me decidí a hablar directamente con el Dr. King.
Podrían pensar en estos momentos que esto es un trastorno post estrés por Katrina. Pero yo estoy hablando con él y solamente quería saber que pensaría si mirara hoy desde abajo esta conmemoración.
¿Qué piensa de Katrina? ¿Qué piensa de todas las personas que están atrapadas en el Superdomo y en el Centro de Convención y que todavía nosotros no podemos conseguir que el estado y el gobierno federal vengan a hacer algo al respecto? “Y él dijo: no me gusta eso“.
Y luego continué, y le dije: Sr. King, cuándo transitaban a través del puente del Río de Missisipi, algunas personas que quedaron atrapadas en el Centro de Convención, que estaban cansadas de esperar alimentos y cansadas de esperar los autobuses que vinieran a rescatarlos, ¿qué les diría cuando caminando por aquel puente, se encontraron en la línea de la parroquia con perros de ataque y ametralladoras disparando tiros sobre sus cabezas? “Él dijo: no me gustaría esto tampoco“.
Entonces le pedí que analizara el estado del negro en los Estados Unidos y en la Nueva Orleans de hoy en día y que me diera una crítica sobre nuestros líderes en la actualidad. Y yo le pregunté ¿qué pensaba de los líderes negros que siempre o la mayor parte del tiempo están devorándose públicamente uno a otros, para el placer de muchos? “Y él dijo: realmente también no me gusta".
Y luego finalmente, dije: Dr. King, todo el mundo en Nueva Orleans se encuentra disperso. Más de 44 grupos diferentes.
Estamos debatiendo si deberíamos abrir o cerrar esto.
Estamos discutiendo si los derechos de propiedad deberían estar –o no- por encima de todo. Estamos discutiendo como debemos reconstruir una de las más grandes ciudades culturales del mundo que alguna vez se haya visto.
Y, no obstante, todavía hasta ayer teníamos una segunda oportunidad y todo el mundo que se reúne alrededor de esto y lo otro, sobre todo, para pasar un buen rato y, a continuación resulta que cabezas de chorlito, sacan algunas armas y comienzan a disparar contra la multitud y lesionan a tres personas. "Él dijo: definitivamente no me gustaría esto”.
Y entonces le pregunté: ¿Qué tendremos que aguantar para que nos movamos y vivamos su sueño, hasta hacerlo realidad? ''El dijo:" No creo que debamos prestar tanta atención para ver gente por una parte y racistas en el otro lado. Dijo, tenemos que enfocarnos como una comunidad, en nosotros mismos, la gente negra a la que le estoy hablando.
¿Qué estamos haciendo? ¿Por qué es el crimen del negro sobre negro el problema? ¿Por qué nuestros jóvenes nos odian tanto que miran a su hermano en la cara y van a tomar un arma y lo matan a sangre fría? Él nos dijo que como pueblo necesitamos arreglarnos nosotros mismos primero. Dijo que la falta de amor nos está matando. Y ya es hora, señoras y señores.
Si el Dr. King estuviera aquí hoy, él estaría hablando con nosotros acerca de este problema, sobre el problema que tenemos entre nosotros. Y como pensamos en la reconstrucción de Nueva Orleans, seguramente Dios está enojado con los Estados Unidos, que nos envía un huracán tras otro y esta destruyendo y poniendo en tensión a este país. Seguramente no nos aprueba que nosotros estemos en Irak bajo falsos pretextos. Pero ciertamente también está molesto con los negros de Estados Unidos. No tenemos cuidado de nosotros mismos. No cuidamos a nuestras mujeres. Y tampoco estamos cuidando a nuestros niños, cuando se tiene una comunidad donde el 70 por ciento han nacidos sin un padre.
Preguntamos al pueblo negro: es el momento. Es hora de que vayamos juntos. Es hora de reconstruir Nueva Orleans, la que debería ser una Nueva Orleans de chocolate. No me preocupa lo que digan los del sector de Uptown (donde vive la mayoría de los blancos) o donde estén. Esta ciudad será de chocolate.
Esta ciudad será de mayoría afroamericana. Así es como lo quiere Dios. No se puede tener una Nueva Orleáns de otra manera; no sería Nueva Orleáns. Así que antes de meterme mucho mas en el problema, sólo voy a decirles que al final de mi conversación con el Dr. King, simplemente, él dijo, "nunca me preocupé por las personas buenas -o las personas malas yo debo agregar- que hacían toda la violencia durante el tiempo de los derechos civiles… Me preocupé de las personas buenas que no dijeron o hicieron nada cuando ellos sabían lo que tenían que hacer.
Es tiempo para todos nosotros, que la gente buena se ponga de pie y diga: "Estamos hartos de la violencia. Estamos hartos de gente negra, matándose unos a otros. Y cuando vengamos juntos por una segunda oportunidad, no vamos a tolerar ningún tipo de violencia. "Martin Luther King lo hubiera querido así, y debemos hacerlo.
Dios los bendiga a todos.
RAY NAGIN

Este discurso “Ciudad de Chocolate” (Chocolate City, en ingles) fue pronunciado en el día de conmemoración del Dr. Martín Luther King, en el City Hall de Nueva Orleáns, varios meses después que el huracán Katrina, destruyera gran parte de la ciudad, y fue causa de muchas controversias. Nagin incluso luego se disculpó. "Lamento mucho que alguna gente haya tomado mal esto. No fue mi intención. Fue un error haber utilizado la analogía del chocolate. Todo el mundo es bienvenido en Nueva Orleans", añadió en declaraciones a la cadena de televisión CNN. Sin embargo, como paradoja, el huracán Katrina no sólo se llevó la vida de casi 1.500 personas, provocó el desplazamiento de 378.733 de los 437.186 habitante de Nueva Orleans y destruyó 70.906 de sus casas, sino que además –y contra lo que señalaba el discurso- cambió la composición étnica de la ciudad. Antes de Katrina poco mas del 60% de sus habitantes eran negros y ahora esta proporción ha bajado a consecuencia de una gran inmigración de latinos que llegaron a la ciudad para trabajar en su reconstrucción.
Basta pasearse por las calles de la ciudad para ver que como la mayoría de los que se fueron son negros, la ciudad ahora es más blanca que antes.

Ray Nagin, era entonces, Alcalde de Nueva Orleans.