viernes, 16 de octubre de 2015

SALVADOR ALLENDE “Es fuerte y poderoso el imperialismo, pero, en conjunto, los pueblos oprimidos son mucho más fuertes que él y están en condiciones de vencerlo”

SALVADOR ALLENDE Es fuerte y poderoso el imperialismo, pero, en conjunto, los pueblos oprimidos son mucho más fuertes que él y están en condiciones de vencerlo”



Discurso en la Primera Conferencia Tricontinental
 5 de Enero de 1966

A tanto han llegado la insolencia y la inquietud del imperialismo, frente al súbito desarrollo del movimiento popular, que descaradamente ha debido plantear la llamada Doctrina Johnson, según la cual los Estados Unidos se reservan el derecho de intervenir unilateralmente, por la fuerza de las armas, en cualquier lugar de América Latina en que estimen amenazado el orden social, vale decir, sus intereses económicos y políticos.
La doctrina Johnson significa la negociación absoluta del principio de autodeterminación de los pueblos, de la no intervención y de la soberanía de nuestros países.
Además, frente a las fronteras geográficas, plantea las denominadas fronteras ideológicas, lo que implica la limitación del pensamiento y la bastarda defensa de sus bastardos intereses.
Finalmente, envuelve una advertencia y una notificación de que los Estados Unidos impedirán con la violencia el triunfo de los movimientos de liberación nacional en nuestras tierras.
La doctrina Johnson constituye para el pueblo chileno, como para todos los países de América Latina, una declaración explícita de que los imperialistas opondrán la violencia a cualquier movimiento popular que en nuestro continente esté en condiciones de alcanzar el poder. Ello determina que el movimiento popular chileno, que ha logrado señalados triunfos en la ampliación y profundización de la democracia en nuestro país, sepa ahora, claramente, que los Estados Unidos le impedirán por las armas el acceso democrático y legal al poder.
Ello determina, también, en consecuencia, nuestra obligación de acentuar la lucha; movilizar las masas, vincular la acción antiimperialista a las reivindicaciones cotidianas de la población: la huelga, la ocupación de tierras, la movilización colectiva y la toma de conciencia de que a la violencia reaccionaria se opondrá y opondremos la violencia revolucionaria.
Será el propio pueblo de Chile y las condiciones de nuestro país lo que determine que hagamos uso de tal o cual método, para derrotar al enemigo imperialista y sus aliados.
No se nos escapa que esta lucha es excesivamente dura y difícil para un país solo y que, para hacerla más fácil, deberá contar con el respaldo, el apoyo y la solidaridad internacional.
Es fuerte y poderoso el imperialismo, pero, en conjunto, los pueblos oprimidos son mucho más fuertes que él y están en condiciones de vencerlo. De ahí por qué valoramos nosotros, extraordinariamente, la lucha antiimperialista de todos los pueblos del mundo y la sentimos como nuestra.
La Segunda Declaración de La Habana, aprobada en la Asamblea General del Pueblo de Cuba, dijo:
“¿Qué es la historia de América Latina?” “¿Y qué es la historia de América Latina sino la historia de África, Asia y Oceanía?” “¿Y qué es la historia de estos pueblos sino la historia más despiadada y cruel del imperialismo en el mundo entero?”
Estamos con los pueblos de Asia y África y el mundo árabe, que combaten con las armas en el Congo, en las colonias portuguesas, en el Yemen, en Laos, especialmente en el Vietnam, en contra del enemigo común.
Estimamos que sus luchas son valiosas ayudas para los pueblos latinoamericanos que, a su manera y en cada uno de los frentes, se oponen al imperialismo.
Estamos con los combatientes de Guatemala, Colombia, Venezuela, Perú, y en especial con el valeroso pueblo dominicano, con cuya heroica batalla por conquistar su libertad y expulsar a los invasores yanquis nos solidarizamos.
Estamos también con los que bregan por derrotar al imperialismo.
Hemos estado, estamos y estaremos con Cuba, que construye valerosamente el socialismo. No olvidemos que, contra este país, se descarga día a día una feroz acción imperialista que, entre otros aspectos, se traduce en el despiadado bloqueo económico. Esta isla que, a menos de cien millas de sus costas, levanta en sus aguerridos brazos la bandera de la dignidad, no sólo de su pueblo sino de América Latina toda y de todos los pueblos oprimidos del mundo.
Compañeros delegados: los representantes del movimiento popular chileno hemos llegado a esta histórica Conferencia para insistir en que su máxima importancia consiste en la posibilidad de lograr, sobre la base de la lucha sin renuncios contra el imperialismo, una combativa unidad a favor de la liberación de Asia, África y América Latina. La unidad de los pueblos en su lucha emancipadora es la base esencial de la victoria definitiva.
Esperamos que de esta Conferencia emerja una acción concertada y permanente de sus organizaciones de masas, representadas aquí para luchar resueltamente contra el imperialismo, creando las autoridades y mecanismos adecuados que, sin perjuicio de los organismos regionales existentes o por existir, permitan ligar más estrechamente sus luchas con la de los países de América Latina.
Sostenemos, asimismo, que de esta Conferencia debe salir una iniciativa destinada a relacionar y coordinar en forma permanente la acción antiimperialista del pueblo latinoamericano.
La Conferencia de México, en 1961, por la Soberanía Nacional, la Emancipación Económica y la Paz, y el Congreso de los Pueblos, realizado en La Habana en 1962 en pro de la autodeterminación y la no intervención, constituyen jalones señalados de un proceso de coordinación de los movimientos populares antiimperialistas del continente.
Compañeros: la delegación de Chile se esforzará porque la solidaridad de los pueblos de los tres continentes alcance en esta Conferencia los mejores instrumentos de acción, colocando, por sobre todo, su afán de unidad mundial antiimperialista. Unidad basada en la lucha intransigente que lleva a la derrota a las fuerzas que obstaculizan el avance de los pueblos de Asia, África y América Latina hacia la democracia, el socialismo y la paz; unidad para pasar con decisión a la ofensiva y conquistar la independencia económica y la soberanía política de nuestros pueblos. Unidad para darle al hombre la dignidad que hoy se le niega.
Unidad para terminar con el hambre, la enfermedad y la miseria moral y fisiológica.
Unidad para estructurar la nueva sociedad, sin explotados y explotadores.
Unidad para construir el socialismo.
SALVADOR ALLENDE

Nota:
* En esta Primera Conferencia de Solidaridad de los Pueblos de Asia, África y América Latina” denominada comúnmente “La Tricontinental”, celebrada en la Habana, se acordó crear, a propuesta de Allende, la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS). Merece subrayarse que la misma Salvador Allende -luego presidente de Chile- la presidió en esa oportunidad.


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