jueves, 25 de junio de 2015

RÓMULO A. BETANCOURT “El petróleo es para los países subdesarrollados la fuente más importante de recursos para acelerar su desarrollo económico y social”

RÓMULO A. BETANCOURT “El petróleo es para los países subdesarrollados la fuente más importante de recursos para acelerar su desarrollo económico y social”



DISCURSO EN LA SESIÓN INAUGURAL DE LA II CONFERENCIA DE LA OPEP EL 16 DE ENERO DE 1961, EN CARACAS

Esta reunión es la segunda que realizan los representantes oficiales de determinados países Meso-orientales y de Venezuela para coordinar una política común petrolera.
El miércoles 14 de septiembre de 1960 se firmó en Bagdad el acuerdo que creó la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). Diez días más tarde el acuerdo fue publicado oficialmente en Bagdad y, simultáneamente, en Teherán, Kuwait, Ryad y Caracas; así quedó constituido un verdadero compacto internacional del petróleo. Como consta de las resoluciones aprobadas en Bagdad, el objetivo fundamental de la organización es la celebración de consultas regulares entre sus miembros, con el objeto de coordinar y unificar su política y determinar la actitud que deberían adoptar en defensa de precios estables del petróleo, libres de toda fluctuación innecesaria, para lograr el restablecimiento de los precios a los niveles prevalecientes antes de las resoluciones y para asegurarse de que si apareciere alguna nueva circunstancia que según las compañías explotadoras requiriese modificaciones de precio, éstas entren en consulta con el miembro o los miembros afectados, para explicar cabalmente las circunstancias.
El desarrollo de la industria petrolera nos revela que siempre estuvo presente la necesidad de establecer mecanismos reguladores de la producción. Si al principio nació bajo el signo del trust, posteriormente la función reguladora la comenzaron a ejercer, en Estados Unidos, las comisiones de coordinación de los estados y, desbordando el ámbito local, se llegó al establecimiento de un compacto nacional en ese país. El establecimiento de un compacto de los países exportadores netos sigue la línea tradicional del desarrollo de la industria y no debe sorprender a nadie.
Este compacto petrolero de Venezuela y del Medio Oriente tiene significación singular dentro de la industria. Ello deriva de la circunstancia de que los países ya integrados dentro de la organización tienen un papel de gran importancia en el mercado mundial del petróleo, pues sus exportaciones representan cerca del 90% del comercio internacional neto de este producto.
El petróleo es producto vital de la economía de nuestro tiempo. Para los países subdesarrollados que lo producen es, además, fuente la más importante de recursos para acelerar su desarrollo económico y social. "Por ello los pueblos productores de petróleo no pueden proceder como quien está vendiendo a precio de liquidación una riqueza cada día más valiosa porque aumentan y se multiplican las posibilidades de consumo del combustible por excelencia de nuestro tiempo", como tuve oportunidad de decirlo a los venezolanos, en mensaje del pasado 10 de enero.
No se trata de obstaculizar el abastecimiento de los mercados. Hay que atender plenamente la creciente demanda mundial de petróleo; pero ello debe hacerse sin deterioro de los precios de los países exportadores, y esto podría lograrse -de acuerdo con el Párrafo III de la Resolución de Bagdad- a través "de la regulación de la producción con la debida atención hacia los intereses de las naciones productoras y de las consumidoras y a la necesidad de mejorar una entrada estable a los países productores, un abastecimiento eficiente, económico y regular de esta fuente de energía a las naciones consumidoras y una justa ganancia para su capital de quienes invierten en la industria del petróleo".
La OPEP aspira a consolidar una comunidad de intereses entre los países que son exportadores netos, para que sea factible la realización de una política de precios coherentes con esos principios. Rectitud de propósitos y procederes y confianza mutua ha de guiar permanentemente la acción individual y conjunta de sus miembros. Perseverantemente, como los que saben que se rigen no por conveniencias mezquinas sino por los intereses vitales de sus pueblos.
Por ello no se intenta establecer normas monopolistas por parte de la organización y mucho menos antagonizar a los nuevos países productores, pero se ha de ser firme en la defensa de los intereses de los países exportadores, cuya vida económica en gran parte depende del petróleo.
Frente al escepticismo de los interesados en el fracaso de la organización y de los que no han comprendido plenamente las finalidades que se persiguen, la organización, orientada rectamente, debe ser un nuevo ejemplo de la política de cooperación internacional.
La organización no estará dirigida contra las compañías productoras, que se beneficiarán de los precios estables. Esperamos que una actitud comprensiva de las compañías evite o suavice las diferencias que puedan producirse. Pero en todo caso, la organización, como legítima representante de sus miembros, ha de guiarse por el principio de que son superiores los intereses de los pueblos en ella representados.
La defensa de los precios de las materias primas que producimos es una exigencia histórica. Desde la segunda guerra mundial son patentes los ejemplos de cómo la caída de los precios de las materias primas ha alterado en forma desfavorable los términos de intercambio de los países subdesarrollados.
Debemos procurar elevar al máximum el rendimiento de los recursos que nos proporciona el petróleo, es decir, vender al mejor precio dentro de lo razonable; pero, por otra parte, invertir el producto lo mejor posible. En este sentido el esfuerzo debe dirigirse a procurar una mejor diversificación de nuestras economías, única base permanente de una mayor suma de bienestar para nuestros pueblos.
En el país sede de esta importante reunión hemos seguido recientemente el ejemplo de países productores de petróleo que han organizado su propia empresa estatal que participar en la industria. Acerca de esa iniciativa del Gobierno le dije al país en el ya citado mensaje del 10 de enero: "Venezuela ha creando recientemente su Corporación Venezolana del Petróleo, la cual no nace bajo el signo de lo aventurero y de lo irresponsable, sino sobre base de seria evalución de lo que en ese campo pueda y deba hacerse".
Y se agregó, con el propósito de enmarcar, dentro de sus límites exactos la posición oficial respecto a la industria, lo siguiente: "Hemos dicho, y aquí lo ratifico, que dentro de nuestros planes inmediatos o lejanos no está el de la nacionalización por decreto o por ley de las compañías y que conceptuamos que la participación del Estado-empresa en el producido por la industria es satisfactoria en los actuales momentos".
Mantenemos una política de no expropiación de las compañías petroleras, pero también de no otorgamiento de nuevas concesiones de viejo estilo, ya de difícil aceptación por pueblos contratar con particulares servicios de exploración, explotación y mercadeo de los crudos que pueden extraerse de las zonas a ella adscritas por el Estado. Pero contratos de servicios y no concesiones de viejo estilo, ya de difícil aceptación por pueblos que dejaron atrás su pasado semicolonial y tienen hoy cabal conciencia del valor real de sus recursos naturales no renovables.
Saludo a nombre del Gobierno y pueblo de Venezuela a las demás naciones y gobiernos aquí representados por tan distinguidas personas a quienes doy la bienvenida a nuestra tierra. Vienen de meridianos muy alejados del ámbito físico de las Américas. Pero a ellos nos une el interés común de unificar esfuerzos y de compactar voluntades para extraer del jugo negro de nuestros suelos los mayores beneficios para nuestros pueblos.
Sería difícil concebir mejor base para promover el intercambio económico y el acercamiento espiritual de las naciones aquí representadas.
Esta reunión realizará una labor efectiva pero sin estar sus integrantes bajo la luz intensa de los proyectores publicitarios. No nos interesan éxitos espectaculares, sino el plasmar, tras quietas y laboriosas sesiones de trabajo, fórmulas concretas encaminadas a impedir pugnas competitivas -a costa de los intereses primordiales de los países exportadores- entre quienes producen y comercian con petróleo con destino a los grandes centros industriales. A nada más y a nada menos debemos y podemos aspirar como balance positivo de esta reunión de Caracas, continuación de la ya realizada en Bagdad.
Estamos conscientes de la gran responsabilidad que hemos asumido no sólo frente a nuestros pueblos sino frente al mundo entero. Pero tenemos la seguridad de que, conjugando la firmeza de propósito con la prudencia en la acción, lograremos el éxito en nuestra común empresa.
Ojala que nuestro petróleo, materia internacional por excelencia, y poderoso factor de desarrollo, al continuar fluyendo hacia los diversos centros de consumo contribuya a consolidar la paz universal basada en el progreso y la justicia. Ese es nuestro voto y nuestra convicción.
ROMULO A. BETANCOURT

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