miércoles, 19 de octubre de 2016

MICHELLE BACHELET “hay una necesidad urgente de consolidar la igualdad entre hombres y mujeres, la igualdad de vivir sin violencia ni discriminación”

MICHELLE BACHELET “hay una necesidad urgente de consolidar la igualdad entre hombres y mujeres, la igualdad de vivir sin violencia ni discriminación”


Michelle Bachelet


Discurso de sobre los asesinatos de mujeres por razones de género, incluido los feminicidios el 12 de marzo de 2013


Buenas tardes Excelencias, colegas y amigos. Muchas gracias a todas y todos por asistir hoy a este importante debate. Agradezco a la Relatora Especial, Rashida Manjoo, por la iniciativa de traer este tema de los asesinatos por razones de género a la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer, y a la Alta Comisionada Adjunta para los Derechos Humanos, Kyung-wha Kang, por copresidir este evento.

Mientras nos encontramos aquí hoy, avanzamos la 57ª sesión de la Comisión sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer, donde se está debatiendo lo que esperamos refuerce las normas y los estándares internacionales y resulte en un plan de acción que sirva para prevenir y poner fin a todas las formas de violencia contra las mujeres y las niñas. Hoy estamos aquí para hablar de la manifestación más extrema de la violencia contra las mujeres: los asesinatos de mujeres por razones de género, también llamados feminicidios. Estamos aquí para discutir del asesinato de mujeres por el simple hecho de ser mujeres.
Debemos recordar que hoy, en el siglo XXI, todavía hay una necesidad urgente de consolidar la igualdad entre hombres y mujeres, la igualdad de vivir sin violencia ni discriminación. Los asesinatos de mujeres por razones de género se dan en todas las regiones, en todos los países y en todas las culturas. Es un asunto de derechos humanos universales y de la innata dignidad humana que nos concierne a todos, nos afecta a todos, y requiere un esfuerzo concertado y urgente por parte de todos nosotros.
Se estima que el alcance mundial del feminicidio fue de 66.000 víctimas por año entre 2004 y 2009, lo que representa en promedio casi un quinto de todas las víctimas anuales de homicidio. Hablamos de estimaciones dado que las cifras de que disponen la mayoría de los países sobre estos asesinatos no están clasificadas por feminicidios o por asesinatos por razones de género. Por lo tanto, resulta imposible en la actualidad conocer su verdadera magnitud, pero estamos seguros que el problema es mucho mayor de lo que podemos determinar por las estadísticas y pruebas disponibles.
La Relatora Especial Rashida Manjoo ha declarado que la falta de investigaciones, de juicios y de sanciones por actos de violencia contra las mujeres ha contribuido a un entorno de impunidad y de poca confianza en el sistema judicial. Esta impunidad transmite el mensaje a la sociedad de que la violencia hacia las mujeres infligida por los hombres no sólo es tolerada sino que es aceptada. En muchos países vemos que la impunidad es generalmente la norma más que la excepción. Los Estados tienen la obligación, en tanto que garantes de los derechos de todas las personas, de castigar a los culpables de violencia contra las mujeres y las niñas, y de proporcionar servicios, apoyo y justicia a las supervivientes y a sus familias.
Actualmente, 160 países cuentan con leyes que se ocupan de la violencia contra las mujeres. Sin embargo, las mujeres y las niñas víctimas de violencia sufren, por lo general, una doble violación: la primera vez cuando son víctimas de violencia y la segunda cuando buscan pero no encuentran los servicios y la justicia a los que tienen derecho. Demasiado a menudo la cantidad de juicios y sanciones por estos crímenes son escasos, y cuando se llega a pedir cuentas a los culpables, se les castiga por delitos menores y se les da penas más cortas y más ligeras.
Los costos de la pasividad son evidentes: muertes innecesarias, prematuras y devastadoras de mujeres y de niñas, y sufrimiento y pérdida para las familias. Es hora de fortalecer los sistemas de justicia, de capacitar a la policía y a los jueces para eliminar los estereotipos y los prejuicios hacia la mujer, de mejorar los servicios de apoyo a las supervivientes y a sus familias, y de dedicar planes y presupuestos para prevenir la violencia contra las mujeres y las niñas.
Se me pregunta muchas veces qué se puede hacer y qué está haciendo ONU Mujeres para atender este problema. Estamos trabajando conjuntamente con otros organismos de la ONU, a menudo a través de la campaña del Secretario General, ÚNETE para poner fin a la violencia contra las mujeres. Nos alienta ver el trabajo que miles de organizaciones de mujeres, gobiernos y organismos de la ONU están llevando a cabo. Los resultados son prometedores.
En América Latina hemos creado iniciativas para erradicar la impunidad a través de reformas jurídicas que tipifican al feminicidio como un delito específico. En Guatemala, por ejemplo, ello llevó a la creación de unidades de fiscales y tribunales especializados. En El Salvador y en Nicaragua hay ahora políticas y procedimientos que se ocupan de los feminicidios, para dar sólo algunos ejemplos.
En México, ONU Mujeres está proporcionando asistencia técnica para mejorar la recopilación y el análisis de los datos sobre los feminicidios. ONU Mujeres, el Parlamento mexicano y el Colegio de México, que es una institución académica, crearon una metodología innovadora para analizar la violencia del feminicidio, sus características, sus tendencias y sus nuevas manifestaciones en un período de 25 años. Este análisis ha sido fundamental para definir lo que es el feminicidio y está siendo adoptado en otros países.
Una iniciativa muy importante que estamos apoyando es la creación del protocolo para la investigación de los asesinatos violentos de mujeres por razones de género: el feminicidio en Latinoamérica. Este trabajo pionero está siendo realizado junto con el Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU, con la Federación de Asociaciones de Derechos Humanos y con el Gobierno de España. El protocolo establecerá directrices para investigar con eficacia las muertes violentas de las mujeres, de modo de garantizar que el proceso tome en cuenta el contexto, identifique la relación con el culpable y esté conforme a las obligaciones internacionales de los Estados.
Permítanme finalizar hablando de qué hace falta para poner fin a la impunidad y prevenir los feminicidios.
En primer lugar, todos los países necesitan marcos jurídicos exhaustivos que creen un entorno para que las mujeres y las niñas vivan libres de violencia, y que tipifiquen al feminicidio como un delito específico. Además, las leyes deben ser ejecutadas de modo que los casos se investiguen diligentemente, que los culpables sean juzgados y que se ofrezca reparaciones justas a las víctimas o a sus familias.
En segundo lugar, una intervención temprana por parte de la ley y de otras agencias de apoyo resulta fundamental para prevenir los feminicidios. La policía debe desarrollar sus capacidades de respaldar la evaluación del riesgo a que están expuestas las mujeres, dar medidas de protección apropiadas y eficaces, hacer cumplir las órdenes de alejamiento, y referir a las mujeres a servicios sociales completos, incluyendo refugios y casas seguras.
En tercer lugar, las supervivientes y sus familias deben tener acceso a servicios completos que les garanticen el acceso a la policía y al sistema de justicia, a los refugios, a la asistencia jurídica, a los servicios de salud, a la asesoría psicosocial, a las líneas de atención las 24 horas y al apoyo a largo plazo. En nuestros esfuerzos debemos hacer participar a las supervivientes y poner los derechos humanos de la mujer en el centro de toda respuesta, de modo que la recuperación y la justicia tengan apoyo y que el ciclo de violencia no se perpetúe. Aquí es también fundamental ofrecer servicios para la salud sexual y reproductiva de modo de proteger los derechos reproductivos de las mujeres.
En cuarto lugar, es primordial fomentar cambios en las actitudes, en las creencias y en los comportamientos que consienten o que perpetúan la violencia, con el fin de prevenir la violencia antes de que se dé. Esto puede hacerse mediante campañas de concientización, movilización comunitaria, programas educativos incluyendo de educación sexual, y apoyo a los niños y a los jóvenes que están expuestos a la violencia. Una cosa queda clara: prevenir todas las formas de violencia contra las mujeres requiere la participación de todos los segmentos de la sociedad, especialmente de los hombres y de los niños en tanto que compañeros en la igualdad de género y en las relaciones respetuosas.
En quinto lugar, y para terminar, los Gobiernos tienen que COMPROMETERSE a pasar a la acción. Nos alienta ver que hasta ahora 50 gobiernos han respondido a nuestro llamado y se han comprometido a tomar medidas para poner fin a la violencia contra las mujeres y las niñas a través de la iniciativa NOS COMPROMETEMOS de ONU Mujeres. Exhorto a todos los Gobiernos a unirse a esta iniciativa.
Trabajemos juntos para garantizar que mantendremos nuestra promesa y que las mujeres no corren el riesgo de ser asesinadas simplemente por ser mujeres. Trabajemos juntos para un mundo mejor y más pacífico para todos.
Muchas gracias.


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